Redes de Poder: No a otro 1968

Por Alejandro Ramos Esquivel

De igual manera que ha ocurrido en otras partes del mundo, en varias ciudades de México decenas de miles de jóvenes, convocados en las redes sociales, salieron a las calles para protestar contra lo que identifican como símbolos de un establishment en el que muchos de ellos sienten que ya no caben.

Lo que manifestaron con gritos y pancartas en las calles del Distrito Federal, Guadalajara, Monterrey, Veracruz y otras ciudades de la República, forma parte de lo que cotidianamente expresan en sus cuentas de Twitter y de Facebook, entre otras redes sociales.

De ahí que el repudio contra el candidato puntero en la contienda presidencial, el priísta Enrique Peña Nieto y las televisoras, resulte explicable y sólo en un grado muy menor pudiese ser atribuible a los simpatizantes o equipos de otros aspirantes, señaladamente Josefina Vázquez Mota, del PAN, y Andrés Manuel López Obrador, de la coalición de izquierda.

En ese aspecto, el propio Peña Nieto hizo una buena lectura del episodio al no condenarlo por más que fuese predominantemente en su contra, sino reafirmando su apertura a la crítica y al diálogo que pueda derivar de la misma.

Es deseable que mantenga esa perspectiva, dado que por supuesto que el hecho de que las encuestas le otorguen una enorme ventaja no lo hace presidente desde ahora y si llega a serlo, tendrá claro que este tipo de críticas e incluso insultos vienen de parte de un núcleo social en otro tiempo privilegiado y que ahora, al igual que la mayor parte de los mexicanos, enfrenta las consecuencias de una creciente desigualdad económica y social, así como severos problemas de empleo, incluso para gente bien calificada.

Sería trágico para el país que una mala lectura de estos hechos derivara, como ocurrió en 1968, en interpretaciones erróneas de un movimiento juvenil, que aunque distinto al actual, dado que las condiciones son otras, partía de la inconformidad con un modelo antidemocrático y ya desde entonces excluyente en lo económico y lo social.

Aquel movimiento, puramente estudiantil, que no es el caso ahora, terminó de la peor manera, con la masacre de Tlatelolco, por lo que debe estar claro que aun sin salir a las calles, los que protestan a su manera en las redes sociales continuarán haciéndolo con el mismo lenguaje y conceptos que caracterizan a esos nuevos y libres canales de expresión.

Generales implicados en el narcotráfico

La detención y posterior arraigo de los generales Tomás Ángeles y Roberto Dawe, que participaron de manera importante en la definición de estrategias y trabajos de inteligencia en la guerra contra el crimen organizado, declarada por el presidente Felipe Calderón, corrobora lo que era un secreto a voces: los altos mandos del Ejército y la Procuraduría General de la República han estado infiltrados por los cárteles del narcotráfico.

El asunto de los militares implicados no es menor, toda vez que el general Ángeles fue subsecretario de la Defensa Nacional durante los dos primeros años de este sexenio.

No obstante, durante su desempeño como subsecretario ya en el gobierno de Calderón, el general Ángeles estuvo a cargo de trabajos de estrategia e inteligencia orientados a combatir al crimen organizado.

Posteriormente el general Ángeles, por razones de edad, fue jubilado y pasó al retiro, situación en que se encontraba en el momento de ser detenido y enviado a la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), dependiente de la Procuraduría General de la República.

El caso del general Roberto Dawe es aún más emblemático, toda vez que ya no en su carácter de militar sino cumpliendo funciones policiacas de carácter civil, fue titular de la Agencia Federal de Investigación (AFI) durante el periodo en que el controvertido exprocurador general Arturo Chávez Chávez ocupó la titularidad de la PGR.

No hay nexos con grupos políticos, aclara la PGR

Aunque la PGR es la responsable directa de la detención y el eventual proceso contra los generales Ángeles y Dawe, esa dependencia no ha precisado los motivos de su detención, ni los cargos por los cuales han sido arraigados, pero se apresuró a establecer que en este caso no hay ninguna motivación de carácter político ni involucra a alguna de las campañas partidistas por la Presidencia de la República.

A su vez, el PRI se apresuró a deslindarse de cualquier relación formal con los generales arraigados, aunque admitió que el exsubsecretario de la Defensa Nacional participó de manera voluntaria y a título personal en una de las mesas de análisis estratégico para definir políticas de lucha contra el crimen organizado.

En este sentido, la única declaración de la PGR al deslindar a los generales arraigados con cualquier tipo de actividad política, contrasta con las “filtraciones” de esa dependencia y las “denuncias” de la candidata del PAN a la Presidencia de la República, Josefina Vázquez Mota, en el sentido de que varios exgobernadores priistas podrían estar implicados en las mafias del crimen organizado y que constituyen una “pandilla” en torno al abanderado del tricolor, Enrique Peña Nieto.

La orden de Los Pinos parece ser no involucrar los asuntos de corrupción en el Ejército y la PGR en las campañas presidenciales, toda vez que en ese entorno casi nadie quedaría a salvo.

La DEA soltó el hilo de la madeja

En los medios policiacos trascendió que la detención de los generales Ángeles y Dawe fue resultado de información entregada por la Drug Enforcement Administration de Estados Unidos a las autoridades mexicanas.

Sin que hasta el momento sea oficial, a los militares arraigados se les acusa presuntamente de brindar protección al cártel del Pacífico, comandando por el extinto Arturo Beltrán Leyva, ultimado en un operativo realizado por la Marina en Cuernavaca, Morelos.

Luego de ese sangriento evento, se filtró que la DEA había proporcionado los datos de la ubicación de Beltrán Leyva y sus cómplices, pero que el Ejército no había actuado y por tanto se entregó esa información a la Marina, que realizó el operativo que culminó con fotos del cuerpo inerte del capo de la droga cubierto de sangre y de dólares.

En esta circunstancia, la conclusión de los especialistas es que con la revelación en torno a las actividades delictivas de los generales Ángeles y Dawe, la DEA soltó el hilo de una gigantesca madeja de corrupción que involucra al Ejército y a varios mandos policiacos.

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