Energía en perspectiva

En 2008 cuando se discutía la reforma energética, Pemex dijo que necesitábamos cambios legales para sacar “el tesorito” que está en el subsuelo marino del Golfo de México y ahora resulta que tenemos otro tesoro conocido como shale gas, enterrado en parte de los estados de Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas y Veracruz.

 La Agencia Internacional de Energía (AIE) asegura que en tierra mexicana hay hasta 681 billones de pies de pies cúbicos de gas en lutitas (arcilla) y que por lo tanto tenemos la cuarta mayor reserva del mundo, después de China, Estados Unidos y Argentina.

Para aprovechar ese potencial, el organismo cree que deberemos perforar más de 60 mil pozos durante los próximos 50 años. Se trata de una labor titánica si se considera que el primer pozo  de shale gas que perforó Pemex costó 20 millones de dólares y si le echamos lápiz, a precios actuales la paraestatal necesitaría un billón 200 mil millones de dólares para perforar el número de pozos previstos por la AIE.

Pero Pemex no hace cuentas tan alegres y “piensa” que las reservas de gas de lutitas se ubican entre 150 y 450 billones de pies cúbicos. De cualquier manera, no son menores los económicos, tecnológicos, políticos y ambientales a los que se enfrentará México si continúa con su estrategia de explotar ese recurso.

Pemex ha mostrado entusiasmo por explotar los recursos de shale gas para impulsar el alicaído suministro de gas que en los últimos meses ha puesto en jaque a industriales instalados sobre todo en Jalisco, porque en ocasiones Pemex no alcanza a suministrar el combustible requerido.

En la Estrategia Nacional de Energía 2012-2026, la Secretaría de Energía por primera vez incluyó dos escenarios para el desarrollo de shale gas: el escenario base prevé una producción de 200 millones de pies cúbicos por día empezando en la formación de Eagle Ford en 2016, para después alcanzar mil 343 millones de pies cúbicos diarios en 2026 y 3 mil millones de pies cúbicos diarios en 2026, con el desarrollo del yacimiento La Casita.

Para extraer el gas de las rocas conocidas como lutitas, se tienen que fracturar las piedras e inyectarle elevados volúmenes de agua con químicos para generar presión y lograr que el gas emane.

Sin embargo, parece que Pemex subestima que el campo de shale gas conocido como Eagle Ford está localizado en Coahuila,  uno de los estados más secos, con lluvias por debajo del promedio nacional y donde todos los derechos sobre el uso del agua están otorgados.

Tres cuartas partes del agua de la entidad se utilizan en la agricultura para producir granos y otras semillas que pueden sobrevivir al clima desértico, mientras que el resto se utiliza para consumo industrial.

La AEI considera que la fracturación hidráulica a gran escala de las lutitas para extraer el gas necesitará de un tratamiento muy cuidadoso y del reciclamiento del agua  para reducir el uso de agua fresca.

Por lo pronto, Pemex Exploración y Producción ha incursionado en la exploración y explotación de shale gas y ha detectado cinco cuencas con potencial: Burro Picachos, Sabinas, Burgos Mesozoico, Tampico Misantla, Veracruz y Chihuahua, donde prevé una inversión de 30 mil millones de pesos para explorar las unidades conocidas como La Casita, Pimienta, Maltrata y Eagle Ford.

Para seleccionar las mejores técnicas de explotación de gas, el próximo mes contratará por adjudicación directa a empresas para poner en operación cinco laboratorios de campos que llamó Nómada, Montañes, Biosfera, Imperio y Anhélido que abarcarán un área total de 621 kilómetros y en cada laboratorio invertirá 975 millones de dólares.

Por lo pronto, el Congreso de la Unión y el Ejecutivo Federal con el equipo de transición avanzan en la integración de una iniciativa que permita dar al gas natural un tratamiento distinto en el que la exploración y explotación  no sean exclusivas del Estado mexicano, lo cual abriría posibilidades de inversión para firmas nacionales y extranjeras en esas áreas.

De la mano con la iniciativa y los trabajos para explorar y explotar ese tesoro gaseoso, tendrá que avanzar en la construcción de ductos para poderlo transportar y distribuir, pero ese es otro capítulo de la absurda historia que vive México al tener que comprar gas natural en el extranjero para satisfacer su demanda porque tiene enterrado el recurso, pero no puede explotarlo.

 (Mexican Business Web)

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