Quién es el típico defraudador en las empresas

 

Un empleado de alto rango identificado como adicto al trabajo, que parece estresado y rara vez toma vacaciones, declina promociones, y protege celosamente su unidad de negocio del escrutinio externo, mientras se reserva el manejo de la elección de proveedores puede estar en malos pasos, de acuerdo con un análisis de casos de fraudes corporativos investigados por KPMG International, red global de firmas multidisciplinarias que provee servicios profesionales de Auditoría, Impuestos y Asesoría.

El estudio ¿Quién es el defraudador típico? contiene un análisis de 348 casos que KPMG investigó en 69 países desde 2008 hasta 2010, en el que se identificó al defraudador típico como:

•    Un individuo de 36 a 45 años de edad, de sexo masculino en un puesto de alta gerencia en el área de finanzas o en una función relacionada.

•    Un empleado con una antigüedad de más de 10 años, que normalmente trabajaría coludido con otro individuo.

“Los resultados del estudio del perfil del defraudador a nivel global son consistentes con los hallazgos en México. Sin embargo, hay condiciones locales que también son de destacar”, comentó Shelley Hayes, Socia fundadora de la Práctica Forensic de KPMG en México.

En México, el típico defraudador es muy similar al defraudador identificado en la encuesta global. Cuando se trata de fraudes con alto impacto económico, generalmente es un fraude en estados financieros como: manipulación de los ingresos y resultados, y lo realiza un ejecutivo de la Alta Dirección, de sexo masculino y antigüedad considerable en la empresa.

“Encontramos que entre más alto nivel ejecutivo, el monto del fraude es mayor. Entre más responsabilidades de monitoreo hay más probabilidades de fraudes de mayor monto”, explicó Hayes.

Por otro lado, los fraudes que se cometen con mayor frecuencia en México son los relativos a malversación (robo) de activos, aunque el monto de cada evento sea mucho menor. En este caso, el defraudador típico es un empleado de nivel de gerencia media hacia abajo, de entre 20 y 30 años, con una antigüedad promedio de 3 años en la empresa.

Hayes señaló que en contraste con las estadísticas del estudio global, pocas compañías locales buscan la reparación del ilícito mediante acción judicial. “Hacer cumplir la ley toma tiempo que las compañías no están dispuestas a incurrir. La respuesta que adopte la compañía depende de su tolerancia al fraude y de su deseo de tratar con los canales judiciales”.

“Es por ello que además de monitorear los posibles riesgos a través de la comunicación y la retroalimentación de los empleados, los directivos deben estar conscientes de los riesgos de fraude inherentes a su empresa e industria, además de analizar los casos que llamen su atención para establecer tendencias sobre posibles problemas futuros o que demuestren una falla en sus procesos de control interno”, finalizó Shelley Hayes.

“Conocer las características más comunes de un defraudador ayuda a las empresas a estar mejor preparadas para prevenir incidentes dañinos en sus organizaciones”, afirmó Shelley Hayes.

Según el estudio, 56% de los fraudes investigados había emitido una o más señales de alarma que deberían haber llamado la atención de la dirección, pero solo se actuó en el 10% de los casos antes de requerir una investigación completa.

(Mexican Business Web)

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