Sucesión empresarial…la cruda realidad

Lamentable la pérdida de un empresario mexicano de los que probablemente cada vez haya menos, los llamados self made business man, que prácticamente de la nada o de muy poco formaron un imperio en sectores donde la competencia no era el término más recurrente. El deceso de Roberto González Barrera, presidente del Consejo de Administración de Gruma –el principal productor de harina de maíz en el mundo– y del Grupo Financiero Banorte, abrió una serie de especulaciones sobre el futuro de ambos consorcios, que por cierto no están bajo la batuta de un descendiente directo, porque apenas ocupaban cargos ejecutivos y únicamente en Gruma, y entre las hipótesis se habla de una batalla por la herencia protagonizada por sus hijos, donde podría sumarse su nieto Carlos Hank González, que encabeza el Grupo Financiero Interacciones, o incluso algunos otros accionistas que quieren sacar provecho de la sucesión para aumentar su participación o injerencia como vivió en su momento Grupo Televisa, que finalmente quedó en manos de Emilio Azcárraga Jean, el heredero directo. Otro ejemplo es el nerviosismo que vivieron los mercados financieros en 1997 cuando Carlos Slim Helú fue sometido a una cirugía de corazón, acontecimiento que aceleró un esquema de sucesión donde a sus tres hijos varones les confirió ya la responsabilidad de dirigir los grupos de empresas más importantes, apoyados por contados parientes políticos.

Por eso la situación que seguramente enfrentarán las empresas de Roberto González Barrera, vuelve a poner sobre la mesa la falta de un proceso de sucesión transparente en México que brinde seguridad a los inversionistas, por lo que sería muy positivo para la continuidad de los negocios que se conociera con antelación los detalles de la herencia del mando, aunque ésta situación no haría más que generar pugnas anticipadamente, pero necesariamente debe de encontrarse una fórmula que evite la incertidumbre corporativa al momento del deceso del presidente del Consejo de Administración, una realidad que nadie quiere afrontar a pesar de ser un destino común.

Una de las alternativas es fortalecer la injerencia del Consejo de Administración que por estatutos, y en caso de la ausencia de un plan de sucesión general, tiene la facultad de nombrar un relevo temporal o elegir al sustituto si fuese el caso, una tarea muy complicada que no puede estar ajena de ambiciones de quienes participan de forma patrimonial o incluso independiente en el Consejo.

Además hay que considerar la estructura corporativa de la mayor parte de las empresas mexicanas que sigue siendo familiar, lo que dista con países como Estados Unidos donde las corporaciones o son públicas o tienen un carácter institucional que facilita, entre muchas otras cosas, la sucesión.

Pero cualquiera que sea la alternativa debe de trabajarse y aplicarse rápidamente en pro de la seguridad y tranquilidad de quienes invierten en empresas mediante la compra de sus acciones dentro o fuera de México, y el modelo que se elija o fortalezca seguramente eliminará un pendiente más a quienes deciden cómo, cuándo y dónde, depositan los recursos, que cada vez son más difíciles de conseguir por la creciente disputa entre los países de la región y del mundo.

 

Roberto Aguilar Herrera con estudios en Economía, cuenta con más de 18 años de experiencia en el periodismo financiero y de negocios. Ha trabajado en los medios más importantes del país como Grupo Reforma, Expansión y El Universal.

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