Gobernadores y ex gobernadores: ¿a quién les incomoda Peña Nieto?

El análisis de esta columna es el seguimiento a una tesis repetida en varias columnas de destacados analistas.

La tesis afirma que a los gobernadores del PRI, igual que a los ex gobernadores de dicho partido, les ha ido bastante bien como mandatarios de oposición. No tienen porque plegarse a los designios del centro, como en el presidencialismo muerto, pero más allá, manejan su entidad  en una forma tan virreinal que de verdad para ellos la oportunidad del poder la han ejercido a sus anchas.

La muy probable llegada de Enrique Peña Nieto a Los Pinos seguramente que algunos no la verían tan conveniente si cambiaran las reglas que desde hace doce años han regido la relación entre el presidente de la república y los gobernadores del PRI.

Pero en el próximo sexenio se tendrá que considerar también un examen del comportamiento de los gobernadores que hoy pertenecen al PAN y al PRD, en caso de que el PRI triunfo en los comicios presidenciales del primer domingo de Julio próximo.

Hoy trataremos el caso de los prístas que son mandatarios estatales salientes y su contexto de relación con su precandidato único a la presidencia de la república.

Las elecciones concurrentes para julio próximo se darán con gobernadores priístas en los casos de Yucatán y Tabasco. En Jalisco, Guanajuato, Chiapas y Morelos el PRI es oposición.

En Yucatán ya existe precandidato y representa una aparente continuidad con la corriente de Ivonne Ortega Pacheco. Allí la definición por Peña Nieto de la gobernadora saliente fue clara y a tiempo. Es muy probable que el PRI conserve esa gubernatura. Ayudado por la descomposición que sufre, como reflejo de la crisis nacional panista, ese partido está seriamente desarticulado.

Ivonne Ortega está en puerto seguro.

En Tabasco las cosas tienen variables muy interesantes. El actual gobernador, Andrés Granier Melo, es de la línea madracista total. Y el prospecto que trae Madrazo es el secretario de salud. Juega todavía el alcalde de Villahermosa, Jesús Alí de la Torre, que representaría el fin de la era del cacique Roberto Madrazo.

En Tabasco el peligro para el PRI es que lo más probable  es que el PRD y sus adláteres postules a Arturo Núñez Jiménez, gente que ha probado el trabajo de campo cuando fue candidato a diputado federal y ganó ampliamente su distrito. Un candidato que lleva como hándicap a favor el hecho de que Andrés Manuel López Obrador tiene una gran base que construyó desde su natal Macuspana hasta cubrir toda la entidad.

Ni Andrés Grannier, ni el candidato de Roberto Madrazo le dan garantías a Enrique Peña de que se conserve Tabasco en poder del PRI.

En Jalisco acaban de destapar al alcalde de Guadalajara, Aristóteles Sandoval, que está en una coyuntura muy favorable para que el PRI recupere el gobierno estatal. Un buen trabajo de la mancuerna Enrique Peña y Pedro Joaquín Coldwell logró amarrar a los aspirantes y llegan unidos a la reconquista de la antigua Nueva Galicia.

A favor de Aristóteles Sandoval está la inconformidad general por el desapego del actual gobernador panista, Emilio González, que es un verdadero caso del folclore jalisciense en todas sus expresiones. Borracho, dicharachero y pegado a las faldas de los obispos. Emilio será el factor de decisión para escoger al candidato del PAN al gobierno de Jalisco.

En Morelos las cosas no pintan nada bien para el PAN. Los gobiernos de sus correligionarios Marco Adame Castillo y, ups, Sergio Estrada Cajigal han sido un verdadero desastre. Inseguridad, allí nació el movimiento por la Paz encabezado por el poeta Javier Sicilia, decaimiento del turismo, desempleo galopante y nula promoción en los corredores industriales de la entidad.

El PRI tiene dos opciones. La que parece natural es la del alcalde de Cuernavaca, símil político al de Jalisco donde el actual precandidato priísta a gobernador era alcalde de la capital del estado, Manuel Martínez Garrigós.

La otra opción es del pricámbrico, Amado Orihuela, campesino con arraigo pero de un perfil ya rebasado por las condiciones actuales de México.

La opción ganadora es Martínez Garrigós, quien lucha contra la fuerza de los dinosaurios del PRI que apoyan a Orihuela. (Ver en SDPnoticias columna de Federico Arreola del 2 de enero de 2012 sobre el estado de Morelos).

En Chiapas se empezaron a pagar las cuotas a las alianzas. El Partido Verde ganó con un buen candidato, que fuera suyo el que compitiera por la gubernatura. El senador Manuel Velasco.

Lo más probable es que se celebre una competencia cerrada con MORENA, pero hasta la fecha las encuestas dan ganador al del Verde postulado en coalición con el PRI y el PANAL.

El final de crucigrama de Enrique Peña y de Pedro Joaquín Coldwell es Guanajuato.

Compiten por la candidatura, en orden de aparición en las encuestas, Juan Ignacio Torres Landa (16%), Miguel Chico (9%) y Francisco Arroyo (6%).

Hay un pillastre que es alcalde del pequeño municipio de Pueblo Nuevo, Leonardo Solórzano, que representa una jugada de distracción y división en el PRI del mapache del gobernador panista Juan Manuel Oliva, que es financiero misterioso. Leo se apoya en un grupo de ex priístas que fueron expulsados del PRI por presunta corrupción en el manejo de los fondos del institucional de Guanajuato.

El que se proyecta como un real competidor del delfín de Juan Manuel Oliva, Miguel Márquez, es, sin duda, Juan Ignacio Torres Landa. Y esa lógica mostrada hasta ahora por Enrique Peña Nieto y Pedro Joaquín Coldwell, el desenlace estaría encaminado a favor de Torres Landa.

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