Peña, enredado en la Web 2.0

A Pancho Garfías, por su pronto reestablecimiento.

Prueba fehaciente de ello fue la “noticia” difundida profusamente, primero en Twitter y luego en algunos medios de comunicación tradicionales, de la supuesta muerte del expresidente Miguel de la Madrid.

En papel de reporteros, aunque no muy buenos porque olvidaron confirmar el hecho, compitieron en inmediatez, que no en precisión, el presidente Felipe Calderón, el PRI, varios gobernadores y el virtual candidato presidencial del tricolor, Enrique Peña Nieto.

Todos ellos dieron cuenta en sus cuentas de las redes sociales del fallecimiento del expresidente De la Madrid y enviaron condolencias a su familia.

Más tarde, cuando los parientes del expresidente desmintieron la “noticia”, la Presidencia de la República aclaró, también en Twitter, que De la Madrid no había muerto, que sólo se encuentra delicado de salud.

Este tropezón colectivo se agrega a los enredos que ya tiene en la web 2.0 el aún aspirante presidencial que encabeza las encuestas, Enrique Peña Nieto, quien sin embargo ha encontrado en la ciberpolítica su talón de Aquiles.

Y es que ha sido a través de los medios digitales (teléfono móvil, correo electrónico, redes sociales, blogs y sitios de Internet) donde los usuarios de esas herramientas tecnológicas le han tundido bien y bonito al exgobernador del Estado de México.

Fue en las redes sociales donde el olvido, confusión o ignorancia de Peña Nieto en torno a libros y autores registró las más duras críticas, mismas que fueron potenciadas al ser replicadas por la prensa, la radio y la televisión.

Curiosamente el “incidente” no nació en las redes sociales sino derivó de una pregunta sobre las lecturas que más habían influido en su persona -la de Peña Nieto- cuando asistió a la Feria Internacional del Libro, en Guadalajara, lo que generó una reacción inmediata y una burla generalizada cuando el aspirante presidencial priista confundió títulos de libros y escritores.

Ante el alud de críticas a su “ignorancia”, Peña Nieto trató de justificarse, de minimizar el asunto (a cualquiera le puede pasar; no me voy a quedar en esto, dijo a manera de disculpa), pero lo cierto es que en los días posteriores siguió atrapado en la red.

Ya en la mira de los twitteros y de los participantes en otras redes sociales como Facebook y YouTube, entre las más usuales, otros tropezones de Peña Nieto se convirtieron en temas de mayor impacto en la web 2.0.

Uno de ellos fue cuando en una entrevista con el diario El País, de España, Peña Nieto equivocó el monto del salario mínimo y tampoco atinó a conocer el precio del kilo de la tortilla, dando como justificación que él no es “la señora de la casa”.

A partir de ellos, las críticas a Peña ya no fueron sólo en las redes sociales sino que se convirtieron en “jugosa carnada” para sus detractores.

El escritor Carlos Fuentes, cuya novela La Silla del Águila Peña Nieto atribuyó su autoría a Enrique Krauze, aprovechó los reflectores y soltó que un aspirante así no puede ser presidente de México, ya que no estaría en capacidad de dialogar con dirigentes mundiales de la talla de Barack Obama o Angela Merkel.

Pero las críticas más duras y agudas continuaron en las redes sociales, donde se dijo -y aún se dice- que Peña es “ignorante”, “soberbio”,”misógino” y que no atina a decir nada coherente si no tiene un guión o un telepromter.

Ante esto, Peña atribuyó a sus opositores y a los políticos en competencia la “campaña” en su contra, y dijo que sólo buscan mermar la ventaja que tiene en las preferencias electorales.

Sin duda en esto tiene parte de razón, pues sería ingenuo esperar que sus contrincantes no buscaran aprovechar sus resbalones, pero lo peor para su causa es que lejos de poner distancia, sigue enredándose en la web 2.0.

En vez de zanjar el asunto y no quedarse en éste, como dijo luego de los “dimes y diretes” con el tema de los libros en la feria de Guadalajara, Peña siguió metiéndose en mayores enredos mediáticos.

Al recibir su constancia como precandidato presidencial del PRI, el mexiquense volvió a ser “trending topic” (tema de mayor incidencia) en las redes sociales, cuando sentenció como eje central de su discurso que podría olvidar un autor, pero nunca la pobreza, la violencia y la desesperanza que “vive México”.

Con esto, Peña muestra que no ha superado el tema de los libros, pero sobre todo que no ha entendido el núcleo, funcionamiento, repercusión y naturaleza de las redes sociales.

Es claro, para cualquiera que quiera verlo, que quienes alimentan la web 2.0 son mayoritariamente jóvenes, profundamente críticos de todo y de todos; que no necesariamente tienen preferencias partidistas y que perciben a los políticos más como un problema que como una solución.

Consecuentemente difunden “noticias” y comentarios más emocionales que sustentados; que se amparan en el casi anonimato de sus cuentas en las redes sociales y que generan con inmediatez todo tipo de versiones, ya sean ciertas o simples rumores.

En términos formales podría calificárseles de “iconoclastas”, profundamente críticos y casi anárquicos, en los que prevalece una percepción de crisis, ineficiencia de la autoridad y falta generalizada de oportunidades.

Tienen sus propios códigos y uno de ellos es la crítica dura a lo establecido y sus representantes, por lo que pretender frenar esa ola es equivocado y prácticamente imposible, dado que lo que está en las redes ya alcanza una imparable repercusión en los llamados medios tradicionales.

Lo que se registra en la web 2.0 ya es factor en la opinión pública y en la propia competencia política, como lo demuestra el hecho de que ante los pronunciamientos de Peña en el sentido de que puede olvidar autores pero no los problemas del país, sus competidores panistas de inmediato le reviraron con otros olvidos, como el de Montiel, de Moreira y la violencia en el Estado de México.

Esto corrobora que un tema, que no nació pero creció en las redes sociales y se potenció en otros medios de comunicación, sigue marcando la agenda de Peña sin que éste acierte en la manera de superar ese problema. Algunos dicen que el peor error de un político es nadar contra la corriente.

Nota: Al precandidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, ya comenzó a lloverle en las redes sociales, por no atinar al precio del boleto del Metro.

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