Peña, contraste con Calderón

Por Alejandro Ramos Esquivel

A la memoria de Javier Ibarrola, amigo y compañero de batallas

Al declarar públicamente que un Presidente de la República no tiene amigos sino aliados, el presidente electo Enrique Peña Nieto comenzó a contrastar su actuación como futuro Primer Mandatario de quien será su antecesor, Felipe Calderón.

El mensaje de Peña, que también sirvió para frenar presiones provenientes de los priístas en torno a la integración de su gabinete, tuvo como objetivo central dejar claro desde ahora que su primer equipo de colaboradores no será de “cuates y de cuotas”, como se ha caracterizado al de Calderón a lo largo de todo su sexenio.

Pero sobre todo, con ese mensaje, Peña busca dejar totalmente claro que en la integración de su gabinete se propone que prevalezcan la capacidad y el compromiso, por encima del “cuatismo” o las concesiones a grupos políticos y económicos.

De ahí que el propio Peña haya advertido a los integrantes del llamado equipo de transición que no se enamoren de sus cargos, que son transitorios, dejando claro que en noviembre, cuando se dé a conocer a los integrantes del gabinete, podrían aparecer nombres distintos a los que actualmente tienen contacto con el gobierno de Calderón en la preparación del cambio de administración.

Incluso, una de las estrategias de Peña parece ser enviar a algunas coordinaciones de la transición a personajes que no tienen el perfil ni antecedentes directos en los temas, como son los casos de Alfonso Navarrete, quien se ocupa de asuntos de carácter laboral, y de José Carlos Ramírez Marín, quien además de los asuntos relativos a la nueva ley de compras de publicidad para el gobierno, trabaja también en asuntos de seguridad.

La hipótesis respecto a este tipo de nombramientos es que Peña considera conveniente contar con información fresca y puntos de vista distintos a los de quienes sí han estado involucrados en esos temas, para contar con mejores elementos de decisión.

Igualmente hay designaciones de “sondeo”, como puede ser la de la experredista Rosario Robles, a quien muchos la hacen ya titular de Desarrollo Social, cuando otros, tal vez mejor enterados, consideran que la responsabilidad que le dio Peña en ese tema le servirá para recabar información valiosa y sobre todo para medir el nivel de aceptación que podría tener entre los priístas y también en los partidos de izquierda, cuya representatividad en el Congreso no es menor, que un personaje tan controvertido como la exjefa de Gobierno de la ciudad de México llegara a formar parte del próximo gabinete.

Acercamiento a Latinoamérica

En otra clara señal de cambio respecto a Calderón, el presidente electo Peña Nieto realizó su primera gira internacional en países de América Latina: Guatemala, Colombia, Brasil, Chile, Argentina y Perú, donde planteó el interés de su futuro gobierno de posicionar a México, particularmente en el terreno comercial, del lado de las naciones de América Latina, de las cuales también forma parte.

Caso especial es el de Brasil, país al que el gobierno de Calderón ha insistido en minusvalorar como caso de éxito al subrayar que tiene mayores problemas económicos, sociales y de violencia que México y que, sin embargo, es posicionado internacionalmente como un modelo a seguir por otras naciones emergentes.

Otra nación latinoamericana con la que el gobierno de Calderón ha tenido problemas es con Argentina, particularmente a raíz de que al igual que Brasil no cumplió con acuerdos comerciales en materia automotriz, lo que en el caso de los brasileños ya echó por tierra, al menos por ahora, el proyectado acuerdo de libre comercio con México.

Peña planteó en su gira latinoamericana acercamientos y una cooperación amplia con los países de la región, en contraste a lo hecho por Calderón, cuyo gobierno ha mantenido más bien una relación lejana y en varios casos ríspida.

Renglón aparte es la visita del futuro Presidente de México a Colombia, país que fue considerado durante mucho tiempo como un narcoestado, y del cual Peña busca obtener información, experiencias y cooperación para continuar -con otra estrategia- la lucha contra el crimen organizado.

Un anticipo en ese sentido ya lo hizo Peña cuando aún como candidato presidencial designó como asesor de seguridad al general colombiano Óscar Naranjo, a quien en Estados Unidos se le otorgó el título del “mejor policía del mundo” por su acción decisiva en el combate y la disolución de los famosos narcocárteles de Cali y Medellín, que tenían bajo su control amplias regiones del país sudamericano.

Empero, ante la inquietud que generó en los medios militares y de la Armada de México que un extranjero como el general Naranjo llegara a ocuparse de asuntos de seguridad nacional de un país que no es el suyo, es previsible que Peña Nieto no lo integre a ningún equipo formal y lo mantenga como un asesor personal en la materia.

Mancera no se sube a 2018

Con el aún jefe de gobierno del Distrito Federal autodestapado como aspirante presidencial de la izquierda para 2018, y con Andrés Manuel López Obrador perfilado, esta vez por medio de su futuro partido Morena para competir por tercera vez por la Presidencia de la República, el ya electo gobernante de la capital del país, Miguel Mancera, se apresuró a deslindarse de cualquier aspiración presidencial.

Mancera dejó claro que su único objetivo es asumir la jefatura de gobierno capitalino y cumplir con la ciudadanía lo ofrecido en campaña, sin que pase por su mente ninguna otra inquietud de tipo político-electoral.

Sin embargo, estamos a seis años de 2018, por lo que las cosas dentro de los partidos de izquierda podrían tener un escenario previsible en que Ebrard y López Obrador estarían compitiendo por la candidatura presidencial, por lo que si hace un buen gobierno, podría abrirle espacios a Mancera, aunque ahora, responsablemente, diga que no considera esa posibilidad.

Ebrard ha dicho públicamente que si la izquierda va a la elección de 2018 con dos candidatos, presumiblemente él y López Obrador, enfrentará una derrota segura, lo cual colocaría a Mancera, tal como ocurrió con su designación para la jefatura de gobierno capitalino, como una opción. Es cuestión de tiempos y circunstancias.

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