Redes de Poder: "Izquierda", unidad de mentiritas

Aunque hacia el interior de todos los partidos políticos del país se proclama la unidad, y ésta en mayor o menor medida es una especie de ficción, el caso más claro es el de la llamada izquierda, que definitivamente se mueve en una “unidad de mentiritas”.

Más aún cuando varios de los partidos que conforman la coalición que ya proclamó como su candidato presidencial a Andrés Manuel López Obrador, no ven esta decisión como algo racional o que responda a sus aspiraciones político-ideológicas sino como una medida “pragmática”.

Tal es el caso de la dirigencia formal del PRD, encabezada por los llamados “Chuchos” de la corriente “Nueva Izquierda”, quienes muy a su pesar tuvieron que aceptar el resultado de la encuesta que colocó a López Obrador por encima del jefe de Gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, como “abanderado” de las izquierdas.

“Si Marcelo lo aceptó y eso dicen las encuestas, pues no hay de otra; tendremos que apoyar a Andrés Manuel y pronto nos reuniremos con él, aunque a las dos partes nos cueste trabajo”, comentó uno de los dirigentes de la citada corriente abiertamente antagónica al “Peje”, particularmente en el tema de las alianzas con el PAN.

Tratar de derrotar al PRI y a su virtual candidato presidencial, Enrique Peña Nieto, es el principal punto de coincidencia entre las huestes del “Peje” y la actual dirigencia nacional perredista.

De ahí derivan otros rubros de mutua conveniencia, como es ampliar los recursos económicos y mediáticos a través de la coalición de izquierda, integrada por el propio PRD, el Partido del Trabajo y el Movimiento Ciudadano (que formalmente sustituyó a Convergencia).

Aunque dicen que van a llegar a Los Pinos en 2012, el verdadero objetivo de la coalición es enviar a quien resulte el candidato presidencial del PAN hasta el tercer lugar en los comicios, y en segundo término restarle votos a Peña Nieto.

El argumento, y curiosamente ahí coinciden no sólo con López Obrador sino con los panistas, es que la vuelta del PRI a Los Pinos sería una regresión en el proceso democrático del país y la vuelta de las viejas prácticas clientelares y de “cochupos” de todo tipo.

Para algunas fuerzas izquierdistas que ahora son aliadas y promotoras forzadas de la candidatura de López Obrador, éste no es la mejor opción para la Presidencia, pero es el único del que disponen, ya que Ebrard optó por diferir sus aspiraciones para otra ocasión.

Vital, ganar en el DF

En esta circunstancia, más que una plataforma político-electoral, que no será otra que la de la “república amorosa” que ya proclama López Obrador, la dirigencia perredista, bajo la pauta de Ebrard, buscará negociar candidaturas al Congreso, alcaldías, y sobre todo la jefatura de gobierno del Distrito Federal.

En los partidos de izquierda -aquí otra coincidencia- hay la convicción de que perder el Distrito Federal representaría la peor derrota electoral que pudiera sufrirse y el principal y casi único punto de sustento político y económico para la coalición que integran.

Uno a uno, el PRD, y por ende la izquierda, han ido perdiendo los gobiernos de Zacatecas, Baja California Sur y ahora Michoacán, por lo que conservar la jefatura de gobierno de la capital del país les resulta vital.

Los “Chuchos” ya tienen su “gallo” para la elección capitalina, en la persona del senador Carlos Navarrete, pero admiten que el que concrete su candidatura dependerá del método de selección interna y, desde luego, de las negociaciones con el “Peje”.

Admiten que a quien resulte el candidato, sea de la corriente que fuese, tendrán que respaldarlo, pues de otro modo conservar el gobierno capitalino estaría en serio riesgo, dado que ya hay un hartazgo de los gobiernos perredistas en buena parte de la población del Distrito Federal.

De otro lado, aunque la consideran una “política de la vieja guardia y sin nada nuevo que ofrecer”, admiten que la probable candidata del PRI, Beatriz Paredes, puede verse beneficiada por el llamado “efecto Peña Nieto”, aunque consideran que aquí en la capital del país no será mucho, dado que la población tiene otras exigencias.

En lo que se refiere al PAN, estiman que ni en la presidencial ni en el Distrito Federal tiene mucho que hacer, pues en la capital carece de estructura y también de candidatos viables para competir.

Empero, admiten que aun teniendo la mayor fuerza electoral en la ciudad de México, la izquierda podría perder el gobierno si no logra ponerse de acuerdo en la elección de un candidato y se produce una ruptura como las muchas que la han caracterizado.

Además del senador Navarrete, hay una lista larga de aspirantes, entre los que destacan Mario Delgado, actual secretario de Educación del gobierno de Ebrard; Alejandra Barrales, lideresa de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, y dos externos -sin partido-, el procurador capitalino, Miguel Mancera, y muy remotamente el exrector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente.

Sin embargo, la selección no será nada sencilla, pues todavía no se determina el método, y peor aún, en el proceso se da ya una soterrada lucha entre las proverbiales “tribus y bandas” perredistas y de los partidos que los acompañan.

En consecuencia, los más probable es que sean los dos liderazgos de la izquierda: López Obrador y Marcelo Ebrard los que determinen (como lo hicieron en el caso de la elección de candidato presidencial) el método a seguir para validar al representante que ellos acuerden.

Todo esto, el apoyo forzado -“pragmático”- a López Obrador y la unidad en torno al que resulte el candidato de izquierda para el Distrito Federal, se inscribe en un horizonte temporal, de aquí a las elecciones de julio del año próximo, pues luego de ello las distintas corrientes de izquierda tomarán cada una por su propio camino.

El objetivo primario es frenar el derrumbe político-electoral y para eso funciona bien el “Peje”, luego de ello vendrán los verdaderos planteamientos que lleven a una izquierda que se oriente a la social-democracia, que contraste con la “redentora” y belicosa que ya no tiene futuro. Al menos así ven las cosas los adversarios político-ideológicos del “Peje” para después de los comicios de 2012.

Alejandro Ramos Esquivel

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