¿Ahora sí seremos potencia mundial en turismo?

En el marco del XII Congreso Internacional de Turismo se esbozó la propuesta que los empresarios del sector presentarán al gobierno entrante para lograr que ahora sí el turismo se convierta en una prioridad nacional y se aproveche de mejor manera la inmensa cantidad de atractivos de México que van más allá del sol y la playa. Un discurso que hemos escuchado ya en varias ocasiones y que contrasta con la intención de fusionar a otra dependencia a la Secretaría de Turismo que en su momento se justificó por la imperiosa necesidad de una política austera del gasto público.

Por eso es que más allá de la propuesta de los hombres de negocios representados por el Consejo Nacional Empresarial Turístico, que agrupa a 96% de todo el sector nacional, lo que debe evitarse es un borrón y cuenta nueva, como lamentablemente sucede en la transición sexenal, para aprovechar los avances en la materia y articular de mejor manera las políticas públicas con los intereses empresariales en un sano balance de sustentabilidad, que ahora es uno de los elementos más preciado en cualquier tipo de industria.

Pero en esta ocasión al parecer hay mucho más de fondo en las ideas, pero sobretodo en la factibilidad de instrumentarlas, porque es el propio equipo de transición de Enrique Peña Nieto quien no sólo respalda la propuesta, sino que la alentó en su momento partiendo de la base de que el turismo debe, y puede, ser un elemento sustantivo en la generación de inversiones, empleo y desarrollo regional. Además de que el turismo, ante la caída de las remesas, se consolida como la tercera fuente de ingresos, después de la inversión extranjera directa y la exportación de petróleo.

La nueva propuesta de los empresarios turísticos contempla siete pilares estructurales y cada uno de ellos medidas específicas –en caso de que la iniciativa se convierta en el eje rector del sector– que se incorporarán  paulatinamente.

La principal propuesta es que el turismo sea más eficiente con lo que tiene, y no necesariamente significan menores recursos públicos, sino un trabajo más coordinado entre todos los participantes del sector; renovar la oferta turística con una personalidad propia que la diferencie del resto de los países –aquí cabe promover México como una marca–, buscar nuevos nichos. Una promoción del sector más eficaz y rentable donde se sumen los recursos destinados al turismo en los tres sectores de gobierno e incluso los privados. Una arquitectura institucional más eficiente y más ágil en la toma de decisiones. Incorporar a la sociedad en las decisiones y proyectos mediantes consejos consultivos ciudadanos que salvaguarden la sustentabilidad. Un mejor diseño de esquemas financieros y que el gobierno aliente la llegada de mayor inversión.

En general las propuestas son directas y provienen de quienes conocen mejor el negocio, ahora sólo falta que la solicitada coordinación finalmente sea una realidad que permita de una vez por todas sacar un sano y creciente provecho a la riqueza turística de México, pero ahora sí en serio, ¿no?

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