La reforma que viene

Con el nuevo gobierno que inició el 1 de diciembre, encabezado por un miembro del Partido Revolucionario Institucional, hablar de una reforma energética es con mucho remontarse a la historia del tricolor y recordar la insistencia en mantener intocable la Constitución Política en cuanto a la privatización de Petróleos Mexicanos y de la Comisión Federal de Electricidad.

 

La administración federal encabezada por el Presidente Enrique Peña Nieto tiene ante si la enorme tarea de allegarse recursos e impulsar el crecimiento del país por nuevos derroteros. El primer mandatario anunció que impulsará este 2013 una reforma energética que tocará la Constitución, aunque no se tratará de ninguna privatización.

 

El caso entonces es permitir con las reformas la entrada de capital privado a un territorio hasta ahora negado y vedado. Sin embargo no solo se trata de eso, sino de dar confianza y certeza jurídica a los inversionistas para que participen de manera más amplia en el sector energético.

 

Las expectativas que genera esta reforma son muchas. No hay duda que el sector requiere de un gran empuje que permita rectificar el rumbo, de tal manera que las dos empresas paraestatales, como son Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, salven los obstáculos que arrastran a la industria energética nacional por laberintos insalvables.

 

La industria energética nacional se basa en la explotación de combustibles fósiles y sólo un poco menos del 25% está sustentada en las energías renovables y limpias. Esto de por si ya es un gran reto, pero transformar desde dentro la estructura de este sector es tarea de titanes. Esa es batalla que deberá darse y en la que es de esperarse ayude la tan traída y llevada reforma energética.

 

Hay algunos pasos desde el lado político que ya se han dado y que dan cierta esperanza sobre la intención de abrir espacios en este sector. La firma del Pacto por México entre las principales fuerzas políticas del país que representan los partidos Acción Nacional (PAN) Revolucionario Institucional (PRI) y de la Revolución Democrática (PRD) da ciertas certezas.

 

Uno de los compromisos del documento es que se abrirá la competencia en los terrenos de refinación, petroquímica y transporte de hidrocarburos sin privatizar las instalaciones de Pemex y se buscará convertirla en una empresa productiva. Lo mismo es de esperarse para la CFE. Aunque no deja de rondar el fantasma de las enormes nóminas y estructuras de estas dos paraestatales que jalan hacia lados contrarios de la definición de empresas sanas y productivas.

 

Hace unos días, el World Economic Forum, en colaboración con Accenture, publicó el Índice de Desempeño de la Arquitectura Energética Mundial 2013, en el que México ocupa el lugar 39 de 105 países, en lo que se refiere a sus sistemas de energía desde una perspectiva económica, ambiental y de seguridad, que les permita llevar a cabo la transición a una nueva arquitectura energética.

 

Este informe señala las fortalezas y debilidades de los sistemas energéticos nacionales y da parámetros para que los países logren resolver los desafíos que se les presentan para la transición a una nueva arquitectura energética. También proporciona objetivos claros para alcanzar un sistema energético equilibrado que sea sostenible a nivel ambiental, que conduzca la economía y sea seguro.

 

Lo interesante de este índice para nuestro país, en la actual coyuntura y con vistas hacia una reforma energética de fondo, es que da una medida o un horizonte hacia dónde mirar y qué objetivos alcanzar. Lograr una transición más rápida y rentable en el sistema energético nacional, ese es el reto de la Reforma que se espera y de las políticas en materia energética que deberá aplicar la nueva administración federal.

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