La reciente volatilidad del peso

Las autoridades financieras del país han seguido una política cambiaria flexible después de la crisis económica de diciembre de 1994. Aunque se liberó al peso mexicano de su relación con otras divisas, en principio se adoptó esta política como una medida transitoria, ya que se pretendía regresar a una política cambiaria predecible y dentro de una banda de flotación o incluso fija, como era anteriormente. Sin embargo, al reconocer sus grandes ventajas, sobre todo en un entorno internacional de gran volatilidad, se decidió mantenerla como la política oficial, por lo cual el valor del peso fluctúa todo el tiempo como resultado de la entrada y salida de las divisas al país.

Con el tiempo, la población nos hemos acostumbrado a tener momentos de mayor o menor fortaleza, dependiendo de los cambios en los precios relativos de nuestras exportaciones e importaciones, de los préstamos e inversiones extranjeras que fluyan hacia o de nuestro país.

Sin embargo, a partir de la crisis financiera desencadenada por la quiebra del grupo financiero Lehman Brothers, las variaciones en el tipo de cambio han sido mayores y empiezan a generar preocupación entre las empresas y particulares que tienen que realizar operaciones cambiarias para sus actividades normales. Por ejemplo, ahora se dificulta más el pago de las deudas y los contratos a los proveedores extranjeros, ya que no se tiene certeza de cuánto será el equivalente en pesos mexicanos en el futuro.

Así, mientras que el dólar estadounidense llegó a costar 9.92 pesos en el mercado interbancario en agosto de 2008, se elevó hasta 15.35 en el primer trimestre del año siguiente. Las distintas medidas que se tomaron para estabilizar las distintas economías permitieron que se iniciara un nuevo periodo de fortaleza del peso, el cual se apreció de manera paulatina hasta llegar a tener un valor equivalente de 11.60 por cada dólar en julio pasado, lo que significó una ganancia de 32 por ciento. Sin embargo, en las semanas recientes se ha iniciado un nuevo periodo de debilitamiento de nuestra moneda para regresar a una cotización de 13.90 en el mercado interbancario en la semana pasada.

Sorprende la gran cantidad de interpretaciones que se le dan a este debilitamiento de la cotización en el valor del peso, varias de las cuales no tienen sustento en la realidad. Por ejemplo, algunos dicen que la devaluación es debido al efecto por la lucha contra el narcotráfico en nuestro país, sin darse cuenta que el ajuste en las monedas, lo mismo ocurrió en el valor del real brasileño, del rublo ruso o de la cotización de la moneda surafricana. Lo anterior significa que el ajuste de las divisas es un fenómeno global.

Otros atribuyen el debilitamiento del peso al caso de “flight to quality”, esto es que debido a la incertidumbre, los inversionistas prefieren tener sus recursos en divisas de mejor calidad, por lo que se inicia un flujo hacia el dólar y el debilitamiento a las demás monedas. Esto parece absurdo porque la causa de la crisis está en Estados Unidos, pero según esta teoría los inversionistas quieren tener allí sus recursos. Algunos otros opinan que debido al riesgo de una nueva recesión en Estados Unidos, los inversionistas prefieren tener sus recursos en dólares (lo cual también puede parecer contradictorio).

Aunque los aspectos anteriores tienen algún impacto en la cotización del peso, pienso que una de las principales causas del debilitamiento del valor del peso, pocas veces es considerada por los analistas y consiste en la contracción de la liquidez en el sistema bancario global, lo cual obliga a retirar las divisas de los países receptores de dólares. Eso fue lo que pasó en 2008 y 2009, cuando los grandes bancos globales dejaron de darse créditos entre ellos ante el temor de que otras instituciones siguieran el mismo camino de Lehman Brothers al quebrar.

Al suspenderse los préstamos interbancarios, se reduce la liquidez en Estados Unidos, por lo que los bancos no sólo suspenden préstamos a las empresas y a los particulares, sino que empiezan a revertir sus flujos y empiezan a cobrar créditos otorgados previamente, en vez de renovarlos. Las empresas globales, a su vez, reducen sus ventas a crédito, así como sus inversiones a las empresas mexicanas ante la falta de liquidez en el mercado bancario europeo y norteamericano.

Así me tocó ser testigo de cómo las empresas matrices en el extranjero le pedían a sus subsidiarias en México que les mandaran sus recursos para poder financiar sus actividades ante la falta de créditos en 2008. O sea, México tenía que apoyar las operaciones en el extranjero ante la falta de créditos de las empresas globales.

En la actualidad existe la preocupación de que el gobierno griego se declaré en suspensión de pagos de su deuda, por lo que los bancos tendrán que absorber las pérdidas, por lo que deberán de reducir sus créditos, provocando una nueva crisis de liquidez. Ante esto, las empresas y los bancos se empiezan a preparar para este escenario.

Aunque se sabe que la deuda de Grecia representa 150 por ciento de su PIB, pocos están conscientes de que la misma es de 500 mil millones de dólares. A manera de comparación está que el crédito que obtuvo México de Estados Unidos para enfrentar la crisis del “tequila” fue de 50 mil millones de dólares y fue de gran impacto por su magnitud.

En conclusión, mientras no se resuelva el riesgo de la suspensión de pagos de Grecia, Portugal y otros países, seguirá la reducción de la liquidez de los mercados de dólares y la volatilidad del peso mexicano.

(Benito Solís Mendoza)

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