Redes de Poder: rumbo al 2012, PAN sin miga

En su papel de líder real del Partido Acción Nacional (PAN), el presidente Felipe Calderón advirtió del riesgo de que el albiazul no alcance a reposicionarse con miras a las elecciones generales del 2012 y pueda ser superado por otras fuerzas políticas, que -dijo- “miran al pasado”.

En un encuentro con la cúpula de su partido, Calderón habló de “urgencia” para restaurar su imagen de honestidad y de congruencia de principios, los que, advirtió, se han desgastado con el ejercicio de gobierno y algunas prácticas partidistas poco claras.

Calderón sintetizó su fórmula para evitar que el PAN siga perdiendo miga, en la sentencia aplicada a muchas organizaciones: “renovarse o morir”.

Acto seguido, fijó seis grandes tareas para la recomposición del albiazul: la renovación ética en su integración, comportamiento e imagen ante la sociedad; el acercamiento a la sociedad de puerta a puerta; abrir las candidaturas a puestos de elección popular en el 2012.

También, plantear a la sociedad que en el 2012 estará en juego la disyuntiva de escoger una opción de futuro y otras que miran al pasado; y sobre todo, redoblar esfuerzos para hacer competitivo al PAN el próximo año.

Para rematar con la arenga a sus correligionarios, el jefe del Poder Ejecutivo federal sostuvo que los tres aspirantes del PAN a la Presidencia de la República, a saber: Ernesto Cordero, Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel, son mejores que los que presentan otros partidos políticos.

Después de todo esto, Calderón pretendió autodeslindarse del proceso electoral panista, al asegurar que él no intervendrá en favor o en contra de alguno de los aspirantes como, dijo, sospecha que quisieron hacerlo con él en la competencia interna del 2006.

Y sí, probablemente Calderón ya no intervendrá directamente en las líneas de operación formal de su partido, ni alentará públicamente a ningún aspirante en particular, pero de eso a que se desentienda del proceso electoral del 2012, ni los propios panistas lo creen.

Mucho menos cuando Humberto Moreira, líder nacional del PRI, advierte que en la elección presidencial del 2012 el adversario a vencer será Andrés Manuel López Obrador y no alguno de los tres aspirantes panistas.

Dentro y fuera del PAN es ampliamente conocido el “antipriismo” de Calderón, de quien comentan algunos de sus cercanos, tiene tres animadversiones políticas: Enrique Peña Nieto; Andrés Manuel López Obrador y Santiago Creel, en ese orden.

Al igual que muchos, Calderón da por hecho que Peña Nieto, el exgobernador del Estado de México, será el candidato presidencial del PRI, y que López Obrador será el representantes de la izquierda, aunque él personalmente preferiría al jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard.

Hace pocos meses, el actual ocupante de Los Pinos reconoció públicamente que los prospectos de otros partidos distintos al PAN ya estaban mejor posicionados y que en el albiazul había muchos aspirantes, que la lista se tenía que reducir -por entonces había siete de ellos- para que el elegido pudiera ser competitivo.

Desde entonces, e incluso antes, Calderón tomó el control del proceso panista, primero dando luz verde a que cuatro integrantes de su gabinete: Ernesto Cordero (Hacienda); Alonso Lujambio (Educación), Heriberto Félix (Sedesol) y Javier Lozano (Trabajo), se subieran a la contienda interna, para luego ir bajándolos uno por uno.

Luego de esa decantación que dejó fuera a Félix, Lujambio y Lozano, quienes formalmente se “autodescartaron”, quedó para asombro de nadie el que es visto por propios y extraños como el “delfín” de Calderón, el hasta hace unas semanas secretario de Hacienda Ernesto Cordero.

Pero como cuatro aspirantes todavía eran muchos, a través del gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, desde Los Pinos le sugirieron a otro aspirante, Emilio González, gobernador de Jalisco, que también abandonara sus pretensiones presidenciales y se sumará a Cordero.

Así que como dice la ronda infantil, de los siete que tenía ya sólo quedan tres, de los cuales, Cordero, el favorito de Calderón, se encuentra muy rezagado en las encuestas respecto a sus otros dos competidores: el senador con licencia Santiago Creel y la diputada también con licencia Josefina Vázquez Mota.

Sin embargo, ni dentro ni fuera del PAN hay quien se atreva a descartar a Cordero, antes al contrario, algunos lo ven como posible candidato de unidad, o bien, como el triunfador de una segunda ronda en la elección interna, en la que haría una alianza con Vázquez Mota (exsecretaria de Educación en el gobierno de Calderón) para dejar fuera de la competencia a Santiago Creel.

Uno quien tiene esta percepción es Humberto Moreira, el líder del tricolor, quien dice que es paradójico que en el PAN se critiquen los métodos del viejo PRI, cuando ahora están adoptándolos al tratar de “imponer a ese señor que estaba en la Secretaría de Hacienda”.

Y lo cierto es que a lo largo de su mandato, Calderón se ha comportado como un presidente al estilo priista, siendo al mismo tiempo jefe de gobierno y líder de su partido, como lo corrobora la presión ejercida desde Los Pinos para expulsar al exlíder nacional de albiazul Manuel Espino y luego imponer en la dirigencia panista a dos de sus exsecretarios particulares, Germán Martínez Cázares y César Nava.

Al actual dirigente formal del albiazul, Gustavo Madero, no lo impuso Calderón, antes al contrario, buscó “bajarlo” de última hora, cuando envió como contrincante para el cargo a su actual secretario particular, Roberto Gil Zuarth, pero éste no logró el “consenso” (ni el voto de la primera dama, Margarita Zavala).

No obstante ello, Madero es en el PAN poco menos que un cero a la izquierda, lo que corrobora el hecho de que dos de los aspirantes a la candidatura presidencial, Creel y Vázquez Mota, sigan pidiendo “suelo parejo”, en tanto que Cordero desestima los números de las encuestas y proclama que “como quieran quiero y como se acomoden puedo”.

En fin, que el PAN además del desgaste que ha tenido por el ejercicio del gobierno y por fallas éticas, como dice Calderón, está desdibujado, sin rumbo definido y con el apremio de que falta menos de un año para la elección del 2012, en que está en riesgo su permanencia en el poder.

(Alejandro Ramos)

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