¿Cuál será nuestra vocación industrial?

Entrados en la llamada era del conocimiento, en la que el desarrollo de una estrategia económica centrada en el valor agregado es indispensable, en nuestro país aún no está claro cómo le vamos a entrar.

Además de que no existe una estrategia definida para el crecimiento industrial basado en el desarrollo tecnológico, ni siquiera podemos pensar en una política industrial como tal.

El fantasma de Jairo Serra Puche aún ronda entre los industriales con su mal afamada frase que rezaba hace tres décadas que “la mejor política industrial es no tener política industrial”. Esta ha sido la sentencia de una conducta errática que no parece favorecer a ningún actor de desarrollo local, por lo que ahora carecemos de productores de bienes de capital o de alta tecnología.

México invierte tan solo 0.4% del Producto Interno Bruto en Investigación y desarrollo, mientras que Brasil destina 1% y países como Israel, Finlandia y Corea aportan más de 3.5%. Pero eso no es todo, mientras que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) recomienda que 60% de dicha inversión provenga de la iniciativa privada, en nuestro país apenas nos estamos acercando a 40%.

Las empresas nacionales, no se están molestando por invertir en el desarrollo y se han centrado en servicios y productos de bajo valor. Una vasta mayoría de las corporaciones de México no cuenta con un área de Investigación y Desarrollo.

En días pasados el titular de la Secretaría de Hacienda del flamante gobierno mexicano, Luis Videgaray, hizo referencia a este asunto al indicar el interés de la actual administración para desplegar una política industrial enfocada a “trabajar con los mercados sacando provecho de sus ventajas competitivas”. Uno de los pasos en este sentido ha sido la creación del Instituto Nacional del Emprendedor, que estará dirigido por Jacob Rocha, el cual, se asegura, apoyará aquellos sectores estratégicos que tengan mayor potencial de crecimiento y con mayor valor agregado dentro de las cadenas productivas. Desafortunadamente, todavía no se escucha el tema de la alta tecnología, y aunque se habla mucho de innovación, queda la sospecha de que sea solo un argumento de moda.

Pero aún no parece haberse definido una vocación industrial para el país. De hecho, cada estado, de manera individual o en apoyo a regiones compartidas, lucha por definirse ante el desarrollo industrial. Por ejemplo, Jalisco ha izado la bandera de los semiconductores y de la creatividad (Guadalajara ganó la designación por el gobierno de Felipe Calderón para fungir como sede de la ciudad Creativa Digital), las entidades que conforman el Bajío están trabajando muy duro para consolidar un clúster automotriz y aeroespacial, el Estado de México está perfilando su vocación hacia los sectores del plástico, automóviles y biotecnología y Nuevo León al parecer busca fortalecer sus industrias tradicionales como la metalmecánica pero incorporando otras de alta tecnología, como la nanotecnología y el software.

La lucha por atraer Inversión Extranjera Directa, aunque es claramente ganada por el Distrito Federal (con más del 50% de la captación de estos recursos), es un indicador de la tendencia en los estados por desarrollar sus propios nichos económicos, siendo Chihuahua, Nuevo León y Baja California los que más atraen inversión a sus industrias.

Sin embargo, falta definir formalmente a qué se dedicará México como un todo y, sobre todo, no es claro cómo se va a generar la infraestructura y el tejido de capital intelectual necesario para construir industrias encaminadas al alto valor y no a la maquila de commodities.

¿Estamos todavía a tiempo para incorporarnos a la era del conocimiento? ¿Ya sabremos bien para qué somos realmente buenos los mexicanos? ¿Será por fin este el sexenio en donde decidamos nuestra vocación industrial? ¿Qué industrias son aquellas en las que debemos apostar para invertir más en investigación y desarrollo tecnológico? ¿Alguien sabe por dónde nos conviene empezar?

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