Competencias de ejecutivos en el 2020

El mundo se torna cada vez más dinámico y sustancial para una empresa, lo que nos obliga a desarrollar nuestras competencias para implantar estrategias y nuevos métodos para la optimización de nuestras funciones y si queremos lograrlo para el 2020 debemos empezar hoy.

Pero, ¿Qué es una competencia?

Spencer y Spencer definen la Competencia como una característica subyacente de un individuo que está causalmente relacionada con un nivel estándar de efectividad y/o con un desempeño superior en un trabajo o situación.

Las competencias de los ejecutivos técnicamente capaces son un conjunto de habilidades y atributos que tienen en mayor o menor medida y que condicionan su éxito profesional.

El artículo de McClelland D.C. en The American Psychologist,1973, es considerado como el momento fundacional de la orientación de gestión por competencias. En él se establece la vinculación entre el éxito laboral -los resultados obtenidos por las personas en el trabajo- y la práctica reiterada de una serie de comportamientos observables en el contexto de su actividad productiva. La exploración e identificación de estos comportamientos, así como su análisis por medio de ciertas técnicas, los relacionan con la posesión de determinadas cualidades o características personales, esto conlleva la descalificación de los exámenes y pruebas tradicionales como pronosticadores del éxito en el trabajo.

Clasificación de competencias.

Se puede clasificar en dos tipos: las “duras” y las “blandas”. Las primeras se relacionan más con el negocio y la inteligencia racional. Son tener visión estratégica, orientación a lograr resultados, experiencia profesional, empatía internacional y orientación al mercado (o actitud de servicio a clientes externos e internos). Las segundas, llamadas “blandas”, se relacionan más con lo intrínseco de las personas; con su inteligencia emocional. Estas últimas son las más difíciles de entender, evaluar y desarrollar. Son las que tienen que ver con el liderazgo, la colaboración irrestricta, la comunicación efectiva, la capacidad de ser agente de cambio y el espíritu emprendedor.

Un buen ejecutivo debe ser capaz de ver más allá de sus metas de corto plazo. Necesita entender lo que la empresa persigue y el contexto en el que se mueve para que su labor funcional tenga mayor sentido. Hay que integrar lo táctico al direccionamiento estratégico, y hacerlo con la flexibilidad necesaria para resolver los imprevistos que van a enfrentar. Los ejecutivos que hacen y no piensan son peligrosos. Como dice el proverbio japonés: la visión sin acción es un sueño pero, la acción sin visión, es una pesadilla.

El cliente es la razón de la existencia de la compañía. Los ejecutivos, independiente de su función, tienen que tener bien presente que todos tienen clientes, sean externos o internos, que deben atender con pasión. 

Finalmente, una continua capacitación profesional, disciplina, organización y experiencia internacional son algunos de los factores claves para el éxito de un ejecutivo moderno. Todo ejecutivo necesita tener y mantener un alto nivel intelectual. El 80% de lo aprendido académicamente se vuelve obsoleto en menos de 3 años, ya que el conocimiento se duplica en el mismo periodo. Hay que estar expuesto a otros pensamientos, abierto a otras culturas, conocer nuevas costumbres, y estar dispuesto a aprender continuamente.

Ahora bien pasemos a las competencias “blandas”. Es importante que un ejecutivo, sea un buen comunicador. Esta competencia le ayudará a guiar a su equipo de trabajo tras el mismo objetivo; también le permitirá escuchar y comprender lo que quieren decir sus colegas y lograr adaptarse a los diferentes estilos. El ejecutivo también debe ser emprendedor e imaginativo para poder ser agente de cambio, no solamente estar abierto al mismo, sino estar preparado para provocarlo. Asertivo, saber auto-controlarse en situaciones difíciles. Buscar en todo momento el bienestar de su área y enfocarse a los objetivos de negocio. Escuchar los puntos de vista de los demás y utilizar un lenguaje verbal y corporal adecuado para expresar sus ideas. Tener la capacidad de alcanzar los objetivos de su equipo de trabajo aunque estén presionados manteniendo un desempeño estable en situaciones de mucha exigencia.

Sin duda, el liderazgo seguirá siendo de las competencias “blandas” más buscadas en el 2020. Las empresas deben poder migrar de “Jefe” a “líder”. Definamos liderazgo como el proceso de influir en otros y apoyarlos para que trabajen con entusiasmo en el logro de objetivos comunes. Un buen líder es quien sabe captar lo que la gente quiere y plasmarlo en un objetivo o causa común.

El desafío de retos seguirá siendo una competencia persistente. El ejecutivo deberá estar dispuesto a cambiar, crecer y mejorar en toda situación, así como correr riesgos y aprender de los errores. Está competencia debe ir seguida por la humildad. Tener está combinación de competencias les permitirá ver los problemas como oportunidades; Generar equipos de alto desempeño; Ayudar a desarrollar el potencial de los demás; comunicarse en forma abierta, informal y permanente.

Otra constante será la Inteligencia emocional la cual podemos describir como la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y el conocimiento para manejarlos. El término fue difundido por Daniel Goleman en 1995.

Una competencia duradera es la ética profesional cuya finalidad debe consistir en desarrollar en el ejecutivo, el conocimiento, la habilidad, la sensibilidad y voluntad para que cuando actúe, lo haga asumiendo la responsabilidad de los mismos y a favor del bienestar de la comunidad.

Aunque la mayoría de los ejecutivos se concentra en mejorar su habilidad profesional y lograr resultados, lo que más utilidades generará para su empresa será su desarrollo de competencias blandas, ya que con estas no solo logrará potenciarse a si mismo sino también al resto del equipo.

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