La reforma energética y las inversiones necesarias en el sector

Los pronunciamientos o declaraciones de funcionarios del sector público federal y de representantes de organismos de la iniciativa privada sobre la reforma energética que se espera entre a discusión en el actual periodo de sesiones del Congreso de la Unión perfilan ya los horizontes de esta iniciativa. Primero se hablaba de las limitaciones de la reforma para modificar la Constitución, ahora de la permanencia de Petróleos Mexicanos como empresa del Estado y de su rectoría del sector.

Pemex, una de las mayores productoras de crudo del mundo de los últimos años, luego de ser la base del presupuesto federal, tanto de los gobiernos emanados del Partido Revolucionario Institucional (PRI) como del Partido Acción Nacional (PAN), ahora se ve en la necesidad de buscar nuevos horizontes y nuevas inversiones, porque cada vez le es más difícil destinar capital a nuevos proyectos de exploración y explotación de petróleo y gas.

Para quienes se oponen a la entrada de inversiones privadas a Pemex la discusión se centra en dos grandes paradigmas: la identidad de la empresa paraestatal como ícono del nacionalismo mexicano y la soberanía del Estado sobre el petróleo. La cuestión es que, luego que Pemex entregaba al fisco por allá de la década de los 80s el 80% de sus ingresos y ahora cerca del 38%, sus recursos para impulsar la industria con las inversiones requeridas se han ido mermando. Así su producción de crudo ha caído de 3.4 millones de barriles (bpd) por día que generó en 2004, a 2.57 millones bpd.

Analistas han destacado como imperativo para que México crezca al menos a un 5% del Producto Interno Bruto anual, el incrementar las inversiones productivas al menos en 17%. La inversión pública está limitada porque sus mayores recursos, en efecto, salen de la venta del petróleo, y justo allí, además, es donde urge invertir para garantizar su ritmo de producción y modernizar e incrementar su infraestructura. Allí es donde entra la iniciativa privada, nacional y extranjera.

A fines de enero, en el marco del Foro Económico de Davos, Suiza, el director general de Petróleos Mexicanos, Emilio Lozoya, expuso que la paraestatal seguirá contribuyendo en forma importante, como empresa del Estado, a los impuestos del país, por lo que el objetivo de la reforma energética es que Pemex sea más grande y más productiva, que esté preparada para extraer crudo de aguas profundas y para otros proyectos que son muy caros y que requieren inversiones de millones de dólares.

Sin la tecnología adecuada y sin recursos disponibles para esos montos de inversión, la intención del gobierno entonces es diversificar riesgos con el sector privado. Lozoya expuso entonces que la modernización de Pemex se haría en dos niveles: asociarse con empresas privadas y llevar a cabo la reestructuración del corporativo.

Para el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, equiparar reforma energética con privatización es un grave error. “Ni el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, ni ninguno de los integrantes del gobierno han hablado ni de privatizar Pemex, ni mucho menos privatizar las reservas petroleras o de gas que tiene México’’, aclaró.

A su vez, Pedro Joaquín Coldwell, secretario de Energía (Sener), ha señalado que se requieren reformar “las leyes que sean necesarias’’, incluida la Constitución, con el fin de potenciar el sector energético del país porque ante la declinación en la producción de petróleo y gas, y el crecimiento del consumo, el país podría convertirse en importador neto de energías primarias. “De ese tamaño es el reto. La era del petróleo fácil se acabó’’, precisó.

No resulta gratuito entonces, el interés mostrado por dirigentes del sector empresarial para impulsar una reforma energética que se centre en la atracción de capital privado, nacional y extranjero. De acuerdo con Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), con la reforma energética llegarían al año al menos 50 mil millones de dólares de empresarias extranjeros para invertir en este sector en el que vislumbran un gran desarrollo.

En este contexto en el que los planes de financiamiento para la exploración, explotación y producción de Pemex estarán limitados, se entiende la esperada reforma energética que es de prever se incline a fortalecer la industria de los hidrocarburos, y aunque no desatenderá seguramente el impulso a las energías limpias y renovables, la prioridad serán los combustibles fósiles, ante la necesidad de recursos para impulsar el crecimiento del país.

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