Política de vivienda con buenas intenciones

Los resultados son fríos, la cantidad de inmuebles que se construyeron y el número de créditos hipotecarios que se otorgaron, tanto por organismos públicos como privados, alcanzaron cifras históricas.

Quizá por ello, una vez que inició el nuevo gobierno lo primero que se ha hecho es tratar de desprestigiar estos resultados. Si bien no todo se hizo bien, tampoco fue desastroso.

De entrada se generó una estructura sólida para el sector, donde los organismos públicos que otorgan crédito (Infonavit y Fovissste) se transformaron radicalmente y se volvieron eficientes, despareció la corrupción y dependen de recursos propios, aunque sin duda pueden mejorar; la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF) se constituyó en un sólido banco de desarrollo para el impulso a la industria de la vivienda y aunque hay que ampliar y profundizar, también se logró una red de alternativas de financiamiento para los desarrolladores; finalmente, la base de desarrolladores es sólida y profesional.

Todo esto ofrece hoy una base sólida para continuar con el denominado “tren de la vivienda” y donde lo más importante es que el Plan Nacional de Vivienda, desde mi óptica, continúa con lo ya hecho.

Esto último no es malo, sobre todo considerando que toda industria, la vivienda no es la excepción, necesita certidumbre para invertir y continuidad en el largo plazo, es decir, reglas claras.

Además, algunos temas presentados en la nueva política de vivienda no son nuevos. El tema de la sustentabilidad lleva cuando menos seis años presente en el sector.

Por ejemplo, hasta el 2012, alrededor de tres cuartas partes de los créditos otorgados por el Infonavit corresponden a hipotecas verdes, es decir, créditos para acceder a una vivienda con ecotecnologías. De la misma manera, cuando menos en ese plazo han estado presentes los Desarrollos Urbanos integrales Sustentables (DUIS).

Asimismo, la idea de hacer viviendas bien localizadas, con todos los servicios y cercanas a los centros laborales y comerciales, tampoco es nuevo. La misma verticalización de los desarrollos es un tema al que desde 2012 le pusieron más énfasis las grandes desarrolladoras del país.

Sin duda son buenas las intenciones del nuevo gobierno, pero hacer un cambio radical en la política del sector no se puede lograr en tan poco tiempo e incluso sería riesgoso para el crecimiento del sector. De hecho para hacer un análisis del mismo falta conocer los detalles del programa y quizá pasarán varios meses para tenerlo.

El discurso y los objetivos pueden ser concretos, pero la estrategia puntual para llevarlos a cabo no se hace de la noche a la mañana.

Sin embargo, un punto que me parece fundamental, de lo que conocemos hasta ahora, es la intención de tener un organismo rector, que en este caso será la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedetu). Recuerdo bien la idea de crear una Secretaría de la Vivienda desde el sexenio de Vicente Fox, porque desde entonces se consideró necesario que existiera un organismo que actuara como eje rector para todo el sector, por ello esto es un buen avance.

Y es que a través de la Sedetu se logrará una coordinación adecuada entre el gobierno federal y los gobiernos estatales y municipales.

Otro elemento importante que se observa es que en las presentaciones públicas y privadas que ha realizado el nuevo equipo del sector, encabezado por el titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedetu), Carlos Ramírez Marín, se ha puesto énfasis en permitir una transición fluida de las políticas y reducir la burocracia.

Es decir, vemos buenas intenciones en la nueva política de vivienda, sin embargo es muy pronto para hacer una evaluación de si es mejor o peor, donde lo más importante es que no genere desconcierto o temores entre los desarrolladores que puedan inhibir la inversión.

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