Economía y el crimen organizado: dos caras de una moneda

El incendio premeditado del Casino Royal en Monterrey, cometido por un comando de alguno de los cárteles relacionados con el narcotráfico y la extorsión, es el más reciente episodio en una larga cadena de actos terroristas realizados por esos grupos criminales.

Este acto marca un hito en la creciente escalada criminal, y pone de manifiesto la magnitud del problema nacional creado por los cárteles dedicados al crimen organizado y a la extorsión. También revela la impotencia de la sociedad para proteger su seguridad personal.

Ante esta afrenta nacional, corresponde revisar y reforzar la respuesta del gobierno de México en sus tres niveles, pero especialmente en el Federal. Hasta este momento, persiste la percepción social de que las capacidades de defensa y reacción, de los niveles estatales y municipales, son bajas e ineficaces.

La revisión de la estrategia de combate al narcotráfico debe hacerse no con un sentido derrotista, como aconsejan algunas voces ingenuas, sino con un espíritu de defensa del interés nacional y la seguridad pública. La revisión de la estrategia debe anclarse en las leyes, sin perder de vista los derechos humanos, especialmente los de las víctimas.

El narcotráfico es, aparte de un delito, una actividad económica de alta rentabilidad y riesgo. Quienes se dedican a ello requieren movilizar recursos humanos, financieros, económicos, logísticos y materiales, a una gran escala.

En ese sentido, estas organizaciones se parecen a una gran empresa que opera a nivel nacional, y que se vincula operativamente con otras organizaciones similares en otros países, y quizás en otros continentes.

Al revisar la estrategia gubernamental debe ponderarse con mayor peso el aspecto económico de las actividades de los cárteles del crimen organizado. El combate eficaz a estas entidades requiere el mapeo cabal de su organización, de su orientación y ubicación geográfica, de sus redes logísticas y de su modus operandi.

Este análisis y diagnóstico va más allá de las labores policiacas tradicionales, y de las tareas típicas de inteligencia militar. <br><br>Derrotar a estos cárteles exige destruir su organización económica, confiscar sus activos, desarticular su logística, interrumpir sus cadenas productivas, negar sus suministros  y elevar significativamente el costo de operación.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno inglés formó una oficina de inteligencia, compuesta no por militares, sino por científicos y economistas civiles, quienes aportaron sus conocimientos y experiencia para defender al Reino Unido de la amenaza nazi.

El gobierno de Estados Unidos hizo un esfuerzo similar, reclutando a las más brillantes mentes del sector privado y del sector académico.

Recordando el exitoso esfuerzo inglés antes mencionado, ha llegado la hora en la que el gobierno federal reclute a algunas de las mejores mentes mexicanas, que se han distinguido por su inteligencia, habilidad, capacidad y eficacia en las tareas que han desempeñado, ya sea en el sector privado o en el público.

El problema del crimen organizado exige la contribución y participación de grandes estrategas, quienes por su trayectoria exitosa están acostumbrados a manejar grandes recursos, grandes organizaciones y grandes objetivos. Este problema no puede reducirse al ámbito policiaco ni al militar. Es una guerra económica fundamentalmente.

Emilio Sánchez Santiago

(Tomado de El Financiero)

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