Más allá del clúster

Las políticas industriales de nuestro país están poniendo su foco de atención en el modelo económico de clúster. Tal como lo define su creador Michael Porter, un clúster se compone de empresas especializadas en un sector industrial y concentradas geográficamente con la intención de lograr esquemas productivos más eficientes y de mayor valor agregado.

En México, el término acuñado por el economista estadounidense está proliferando en los discursos sobre política industrial. En Nuevo León incluso se creó ya un Consejo Estatal que se encargará de coordinar las actividades de los 10 clústers de la entidad ya identificados, esto son Automotriz, Agroalimentario, Software, Vivienda y Desarrollo Urbano Sustentable, Aeroespacial, Servicios Médicos Especializados, Biotecnológico, Nanotecnología, Electrodomésticos y Medios Interactivos y Entretenimiento.

En otros estados es posible identificar ya clústers emblemáticos, como el de la electrónica en Jalisco, el automotriz en el Estado de México, el Aeroespacial en Querétaro y el del Mármol en Puebla. Sin embargo, cada entidad federativa está explorando distintas oportunidades de clusterización (valga el término) de acuerdo con sus fortalezas, tal es el caso de Baja California, cuyos clústers electrónico y aeroespacial tienen un peso importante en la economía estatal.

Sin duda alguna, este modelo económico e industrial detonará un desarrollo sectorial importante, sobre todo porque generan una serie de ligaduras de proveeduría directa e indirecta tanto de bienes como de servicios alrededor de las grandes empresas trasnacionales, que son etiquetadas como tractoras. No obstante, se deben construir estructuras complementarias de organización industrial con el objetivo de crear oportunidades de desarrollo de empresas pequeñas y medianas nacionales para que sean capaces de fabricar con el tiempo productos de mayor valor agregado.

Para ello se puede trabajar en equipo a partir de iniciativas de infraestructura compartida. Por ejemplo, en el estado de Hidalgo, en Ciudad Sahagún en una nave de cuatro mil 500 m2 (y unos 15 mil m2 de patios) se ha construido un Centro de Innovación para empresas de manufactura con equipos de alta tecnología y centros de capacitación. El CIIMATH cuenta con cerca de una veintena de acuerdos de colaboración con instituciones educativas e industriales. Tal vez la más importante es la alianza hecha con la Asociación Italiana de Fabricantes de Máquinas-Herramientas, Robots y Automatización (UCIMO, por sus siglas en italiano), la cual ha provisto al Centro de una parte considerable de sus equipos tecnológicos que son empleados para que empresas pequeñas y medianas hagan pruebas y capaciten a su personal. En próximas fechas se inaugurará una nueva línea de corte por láser proveída por la UCIMO, tecnología costosa para un empresario pequeño, pero disponible bajo este esquema de cooperación.

Otro concepto parecido es el LANCE de Jalisco, un laboratorio de pruebas de compatibilidad electromagnética que permitirá que empresas de cualquier tamaño o Universidades puedan hacer diseño de componentes electrónicos (EMC) a un costo muy bajo, pues el tipo de pruebas de dichos desarrollos normalmente solo es posible hacerlo fuera del país y con costos muy elevados. Este esfuerzo está liderado por el Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) con el apoyo de empresas trasnacionales de la región.

Cabe resaltar que en ambos proyectos se ha tratado de fortalecer a sectores fuertes de cada una de las regiones, como es el caso de la metalmecánica automotriz y aeroespacial en Hidalgo y la industria de los semiconductores en Jalisco.

Al estar cerca y en contacto con tecnologías de última generación las empresas pequeñas y medianas incrustadas en las cadenas productivas de nichos específicos pueden generar estrategias de generación de valor en sus productos y procesos sin tener que hacer los onerosos gastos requeridos en un plan de Investigación y Desarrollo, los cuáles son prácticamente exclusivos de la estructura de costos de grandes organizaciones.

Es tan sólo una idea, pero es claro que, si queremos aplicar esquemas de eficiencia que den paso a procesos de innovación, tenemos que crear una infraestructura que permita que todos participemos en iniciativas de generación de ideas y nuevos productos y conceptos que aporten valor a las cadenas de producción. Por tal motivo, deberíamos considerar si en las políticas industriales de los estados deberíamos considerar modelos de cooperación y desarrollo como etapas posteriores y complementarias al ya probado éxito esquema de clústers que, dicho sea de paso, lleva ya dos décadas en el léxico industrial.

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