Sigue el impacto de la baja en la calificación de EU

El pasado viernes 5 de agosto, una vez que los mercados financieros habían terminado sus actividades normales, la calificadora de crédito Standard and Poor’s redujo la calificación de la deuda del gobierno de Estados Unidos, al pasarla de “AAA” a un nivel inferior, esto es a “AA+”.

Con esto, la deuda de ese emisor dejó de ser la de mejor calidad que existe en el mundo, por primera vez en la historia. En la actualidad, la deuda de diversos países de Europa son de mejor nivel. Adicionalmente le puso una perspectiva negativa, lo que quiere decir que volverá a bajarla si en un plazo de dos años o menos si se mantienen las mismas condiciones.

Algunos piensan que esto se debió a un grave error de la calificadora o a una sobrerreacción por haber hecho mal su trabajo cuando calificó muy bien emisiones estructuradas garantizadas con hipotecas hace algunos años y que posteriormente demostraron que no eran de tan buena calidad. Incluso el Departamento del Tesorero ha enfatizado que la empresa calificadora se equivocó en sus cálculos por dos billones de dólares, lo que demuestra que no deberían de haber hecho esta disminución.

Como resultado de la menor calificación, los mercados financieros han incrementado de manera importante su volatilidad y se han dado reacciones de muy diversa índole. Por ejemplo, el gobierno italiano y el francés dieron a conocer programas de ajustes para controlar su déficit y evitar así una baja en su calificación.

Por otro lado, los mercados piensan que se puede repetir la contracción de liquidez que ocurrió a consecuencia de la quiebra del grupo financiero Lehman Brothers, por lo que las empresas están retrasando inversiones y acumulando liquidez, la cual están canalizando a bonos de mejor calidad, con lo que vuelven a bajar las tasas de interés. El anuncio de la creación de un comité formado por legisladores de los dos partidos que estudiarán nuevas medidas para reducir el déficit en el mediano plazo sólo agrava más la incertidumbre en los mercados en el corto plazo.

Como ha sucedido en otros casos en que se disminuye la calificación de crédito, es más fácil y políticamente conveniente el descalificar al calificador, en lugar de hacer un análisis profundo de ver si tiene la razón. Aunque es cierto que las calificadoras de crédito han perdido el prestigio que tenían con anterioridad, por diversos errores que han cometido, también es cierto que hay una grave confusión e incluso ignorancia de lo que hacen estas empresas, por parte de los analistas y de la opinión pública.

Lo que las empresas calificadoras hacen es entregar su opinión sobre la capacidad y la disposición de un emisor de deuda de pagar sus compromisos en tiempo y forma. Esto es lo que hacen, no hay nada más que muchas veces se les atribuye.

Por ejemplo, muchos piensan de manera errónea que las empresas califican la fortaleza económica de un país o de una empresa o el nivel profesional de sus funcionarios y ejecutivos. Otros hablan del monto de las reservas internacionales o la estructura de la deuda o la cantidad de materias primas.

Sin embargo, la calificación es simplemente la respuesta a la pregunta de ¿cuál es la probabilidad de que determinado deudor pague a tiempo sus compromisos financieros? Para poder contestar esta pregunta se toman en cuenta muchas variables y datos, pero al final se trata de poder contestar esa pregunta. Por ejemplo, si una empresa o entidad tiene un bajo endeudamiento su calificación será mejor que si de repente pide préstamos de gran envergadura, como son los casos actuales de Grecia o del estado de Coahuila.

Hay el caso opuesto de que una entidad y su deuda sigan idénticas, pero el emisor da muestras de que no piensa pagar a tiempo el servicio de su deuda, como sucedió en el pasado con el gobierno argentino. Un problema reciente es el caso del nuevo presidente de Perú, el cual había dado señales anteriores de que no pensaba pagar la deuda externa, pero que conforme avanzaba en su campaña hizo declaraciones en el sentido contrario. Esto hizo a las calificadoras evaluar seriamente el bajar la calificación de la deuda de ese país.

De Estados Unidos se dice que el gobierno debería de conservar su calificación por ser la economía más grande del mundo, por tener la capacidad de imprimir dólares para pagar la deuda y por una larga lista de activos que tiene.

Sin embargo, es sorprendente que ese gobierno estuvo a horas o incluso minutos de no pagar en “tiempo y forma” el servicio de la deuda, porque su Congreso no se ponía de acuerdo en autorizar emitir más deuda. Pero a pesar de esto tenía una calificación de AAA, lo cual era incorrecto. De haber pospuesto el pago de su deuda, aunque fuera solo un día, la calificación no hubiera bajado un nivel, sino lo hubiera hecho en mucho más niveles.

El problema no está en la calificadora, sino en el gobierno federal y en el Congreso de Estados Unidos el que se haya llegado a este nivel de probabilidad de caer en el incumplimiento. La empresa calificadora sólo dio su opinión sobre este riesgo.

(Benito Solís Mendoza, autor de esta columna, es economista)

|
Suscríbase al Newsletter
Acerca de Mexican Business Web

Opina

*

 

genesis();