Inclusión social, acceso a la energía y desarrollo nacional

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Además de las carencias en salud y educación, la desigualdad social en el país se refleja en aspectos de la vida cotidiana como bañarse o no, hacerlo con agua caliente o fría, tener luz eléctrica, pero no tener aparatos electrónicos como un refrigerador, usar estufa de gas o un fogón de leña para preparar los alimentos, trasladarse de un sitio a otro en camión de pasajeros, en automóvil, en bicicleta o caminando.

En la primera quincena de este mes, la Cámara de Diputados aprobó la Estrategia Nacional de Energía (ENE) 2013-2017 que envió el Ejecutivo Federal, cuya intención es ser palanca del desarrollo nacional y mecanismo de inclusión social al acercar los beneficios de energía a precios competitivos. Así que en teoría se trata de satisfacer la demanda de energéticos para el desarrollo de actividades productivas; y generar un mayor acceso a la energía por parte de la población.

Una de estas estrategias gubernamentales en materia de energía es la inclusión social en el consumo de energéticos, que implica incorporar cada vez más a una mayor cantidad de comunidades y personas al consumo de cierto tipo de combustibles y tecnologías energéticas que se reflejarían en un mejor nivel de vida.

Dice la ENE que el acceso a la energía, oportuno y de calidad,  es un medio indispensable para mejorar la calidad de vida de la población y brindar las condiciones necesarias para que cada individuo optimice su desempeño, por lo que debe ser considerado como una prioridad para el progreso de cada mexicano “al igual que la salud y la educación, el acceso a la energía es uno de los principales elementos democratizadores”.

Las desigualdades en materia de energía son evidentes entre el medio urbano y el rural. El consumo de energía, en electricidad y combustibles se concentra en las grandes ciudades con una mayor demanda de servicios como sistemas de bombeo de agua, alumbrado público, transporte colectivo, acondicionamiento de espacios e infraestructura. Los datos del documento de la ENE muestran que el crecimiento de nuevas estaciones de servicio para venta de combustibles líquidos al público, es más alto en las ciudades con mayor crecimiento económico con un alto número de vehículos.

De acuerdo a la ENE, existe una alta relación entre el Índice de Desarrollo Humano (IDH) y el acceso a energéticos. Los municipios cuyo IDH presenta los valores más bajos en el país, son los que manifiestan un rezago en el uso de combustibles líquidos y utilizan en su mayoría leña; por su parte, aquellos municipios que observan altos valores de desarrollo, presentan un amplio acceso a distintos tipos de energía y poseen un promedio de cerca de una gasolinera por cada 10 mil habitantes.

Visto está que la oferta de energía no brinda las mismas oportunidades a las poblaciones rurales, por lo que los planes del gobierno federal son ampliar la cobertura de la oferta de energía para toda la población hasta brindar “condiciones de acceso necesarios para la subsistencia” a fin de que puedan también iniciar actividades económicas idóneas a su entorno. Las cuentas en este sentido son alegres, porque afirma “se tendrá además un impacto en el desarrollo del campo mexicano, mejorando su producción, en cantidad y calidad, de manera que se traduzca en mayores índices de productividad de los alimentos y se colabore en la erradicación de la pobreza alimentaria”.

El ENE reconoce que desde el punto de vista económico, puede no ser rentable abastecer de energía a comunidades aisladas de manera centralizada, así que plantea generar las condiciones para promover las inversiones del sector privado en aquellas actividades que permitan incrementar la cobertura y diversificar la oferta de energéticos a la población. También buscará facilitar el establecimiento o ampliación de infraestructura energética cuando el bienestar social lo justifique, al igual que mejorar y adecuar los instrumentos regulatorios para dar certidumbre e incentivar las inversiones del sector privado con fuentes renovables. Además promoverá esquemas de autoabastecimiento apoyados por las instituciones públicas y empresas operadoras.

La ENE señala que las fuerzas del mercado no han sido suficientes para brindar un acceso universal a la energía. El acceso a los diferentes tipos de energía en los hogares “depende de los precios de mercado, las fuentes de energía y la eficiencia y costos de los equipos necesarios para su empleo”. Así que plantea ofrecer apoyos técnicos y subsidios focalizados para generar una dinámica de bienestar en todo el país. Define los subsidios focalizados como apoyos económicos justificables, limitados en tiempo y monto y los apoyos técnicos como fondos o sistemas tarifarios que benefician a segmentos específicos de la población para generar una dinámica de crecimiento económico.

No hay duda que la energía tiene efectos positivos para una comunidad, a través del suministro de agua potable, iluminación eficiente, calefacción, cocción de alimentos, refrigeración, transporte y telecomunicaciones. La intención que se plantea en la ENE para incluir en el acceso a los servicios energéticos a la población marginada o menos favorecida, es incuestionable, sin embargo, surgen dudas en cuanto a la forma como esto se hará y su eficacia.

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