Calderón, “jefe de campaña”

Dentro de la “guerra de lodo” que desde hace semanas ya protagonizan el PRI y el PAN, los pronunciamientos del presidente Felipe Calderón ante consejeros de Banamex le echaron gasolina al fuego al asegurar que los comicios serán muy competidos, ya que hay una distancia de sólo cuatro puntos entre el priista Enrique Peña Nieto y la panista Josefina Vázquez Mota.

Aunque la Presidencia de la República respondió mediante un comunicado que Calderón no dio nombres ni hizo referencia a documento alguno, algunos de los 700 asistentes al acto “privado” dijeron que el presidente mostró una lámina de una empresa encuestadora que reflejaba la situación de las preferencias electorales.

Mientras representantes del PRI y también de los partidos de izquierda acusaron a Calderón de intromisión en el proceso electoral y de tratar de impulsar a la candidata de su partido, el PAN, la dirigencia del albiazul dijo que la encuesta de referencia fue hecha y pagada por ese partido y la reacción de los priistas es de desesperación ante el derrumbe electoral de Peña Nieto.

El Instituto Federal Electoral (IFE) se declaró dispuesto a examinar el asunto, mediante la presentación de la denuncia correspondiente.

La actuación de Calderón se prestó de inmediato a múltiples interpretaciones, pero quedó claro que ya polarizó la elección, a grado tal que en las filas del priismo hay versiones en el sentido de que el objetivo central del jefe del Poder Ejecutivo es que de ese modo busca anular los comicios o, peor aún, que éstos no se lleven a cabo.

Posteriormente, en la ceremonia conmemorativa del Día de la Bandera, Calderón reconoció implícitamente su indebida conducta y ofreció que, en adelante, ni él ni nadie que forme parte de su gobierno realizará actos o pronunciamientos que puedan generar suspicacia o inconformidad en torno a la limpieza del proceso electoral.

Vázquez Mota, candidata oficial

Sin embargo, el “daño” estaba hecho y entre los opositores y también en las filas de los panistas quedó la convicción de que la actuación de Calderón ante consejeros de Banamex no fue un desliz sino una acción premeditada.

Los objetivos de la acción presidencial serían varios: el primero, dar a conocer a Vázquez Mota a nivel nacional y hasta internacional; el segundo, reducir la competencia a dos contendientes: Peña Nieto y la aspirante panista; el tercero, tratar de emparejar, así fuese con encuestas realizadas por el PAN, la distancia entre el precandidato del tricolor y la del albiazul.

En buena medida Calderón logró, al menos parcialmente, algunos de los objetivos que se le atribuyen, pero de otro lado, también generó consecuencias que no le resultarían tan deseables:

Y Calderón ya colocó a la institución presidencial bajo sospecha, tal como lo hizo su antecesor Vicente Fox hace seis años, y de paso invistió a Vázquez Mota como la candidata oficial.

Y como la aspirante panista no se desmarcó sino por el contrario avaló la “libertad de expresión” del presidente, al que calificó de “demócrata”, implícitamente tomó la estafeta que tuvo Ernesto Cordero en la contienda interna por la candidatura panista a la primera magistratura.

Esto implica para Vázquez Mota dar continuidad a las principales líneas del actual gobierno, particularmente en la llamada “guerra” contra el crimen organizado, con sus 50 mil muertos de saldo sangriento.

En esta circunstancia y no obstante su virtual mea culpa por su intromisión en el proceso electoral en curso, en los hechos Calderón se asumió como jefe de campaña de Vázquez Mota, teniendo como principal operador a Roberto Gil Zuarth, su exsecretario particular y formalmente coordinador de la promoción en favor de la “abanderada” panista.

En adelante, lo que haga o diga Vázquez Mota estará marcado, o por lo menos bajo la lupa, de las acciones y compromisos del actual gobierno, por lo que voluntaria o fortuitamente se convertirá en una expresión electoral del continuismo calderonista.

Otro reto que enfrenta ya Vázquez Mota es hacer realidad su presunto avance en las encuestas hasta casi alcanzar a Peña Nieto, dado que fuera de la elaborada para el PAN, la mayor parte de ellas le dan una ventaja de hasta más de 15 puntos al virtual candidato priista.

Por tanto, la meta primera de Vázquez Mota será demostrar que la encuesta mostrada por Calderón a los consejeros de Banamex no es “patito”, como la calificó la oposición, y que su avance contrasta efectivamente con la presunta caída de Peña Nieto y el rezago del representante de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador.

Aunque este último explícitamente se mostró contrario a entrar en la polémica por la actuación de Calderón, “para no hacerle el juego al PRI”, también desestimó la encuesta que casi empareja a Vázquez Mota con Peña Nieto y dijo que este tipo de trabajos se hacen al gusto del que los paga.

IFE y Fepade, en aprietos

Otras instancias que resultaron involuntariamente afectadas por el “affaire” Calderón fueron el IFE y la Fepade, dependiente de la PGR, es decir del Ejecutivo federal, que tendrán que atender y resolver las protestas que ya interpusieron varios partidos políticos.

Asunto nada menor, sobre todo luego del virtual mea culpa de Calderón y teniendo como antecedente reciente la sanción (multa) que le aplicó el IFE al boxeador Juan Manuel Márquez, quien en un combate celebrado en Estados Unidos mostró en sus calzoncillos un escudo del PRI.

La pregunta es si a un ciudadano, que además actuó en el extranjero, se le multa (¿la ley electoral ya es extraterritorial?), ¿cuál será el criterio para juzgar la actuación del presidente de la República en territorio mexicano y ante consejeros de un banco mayoritariamente de capital extranjero?

Éstas son algunas de las incógnitas por resolver, pero por lo pronto los hechos muestran que la elección presidencial ya está polarizada y que Vázquez Mota es la candidata oficial.

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