Un viejo sindicato para la reforma del sector petrolero

blog_estherEn las discusiones sobre los alcances de la reforma energética, la atención en buena medida se ha desviado sobre la traída y llevada privatización del sector y en particular de Petróleos Mexicanos (Pemex), y se han dejado atrás aspectos que en su momento cualquier empresario dispuesto a arriesgar su capital examinaría con lupa, como las condiciones laborales del personal que emplearía.

Y aquí, entonces, aparecen muchas de las aristas que tendrán un peso fundamental a la hora de poner en práctica o en marcha las reformas que el Congreso apruebe. Una de ellas es que el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), pasaría de ser un sindicato de Pemex a una organización sindical de la industria petrolera.

Tratándose de la reforma energética, como lo explicaba el secretario del Trabajo y Previsión Social, Alfonso Navarrete Prida, por principios de derecho laboral en México la contratación de trabajadores, en las nuevas asociaciones y contratos que se dieran con particulares, Pemex lleva preferencia en la contratación. Así que el sindicato petrolero abarcaría las empresas que entraran en su rama de producción.

En la plantilla laboral de Pemex, 67.3% es personal sindicalizado, es decir, 101 mil trabajadores, de un total de 150 mil, el resto, son empleados de confianza. La fuerza del STPRM no se limita al número de agremiados, ya que además forma parte del Consejo de Administración de la petrolera estatal, con cinco representantes de un total de 15, en el que participan los titulares de las secretarías de Energía, Hacienda y Economía, tres subsecretarios, además de cuatro consejeros profesionales.

En la prensa nacional se publicaron algunas de las prestaciones que obtuvieron los trabajadores sindicalizados con la firma del Contrato Colectivo de Trabajo este año, entre el STPRM y Pemex, que otorgó un incremento salarial de 3.99%.

De esta forma, los agremiados al STPRM reciben una cuota mensual de gasolina magna y aceite lubricante a mitad de precio (para un máximo de mil litros de gasolina y de seis litros de aceite consumidos) y se les reembolsa el 100% del costo de 135 kilogramos de gas doméstico, calculado al precio de venta al público en la localidad del centro de trabajo respectivo.

Entre otras prestaciones, los empleados sindicalizados tienen derecho a préstamos personales hasta por 90 días de su salario ordinario, sin intereses y a pagar en un máximo de 2 años; y a préstamos por garantía hipotecaria de un millón 587,000 pesos. Por su parte, los trabajadores jubilados que acrediten 25 años de servicio o 55 años de edad reciben 80% de su salario.

Las grandes inversiones que se requieren en el sector para darle continuidad al desarrollo de esta industria y aprovechar los energéticos que se encuentran en el subsuelo en los próximos 80 años, según cálculos de la actual administración, ascienden a 60 mil millones de dólares al año, es decir, más del doble de los recursos con los que cuenta la empresa paraestatal para invertir en exploración y producción, que rondan en 27 mil millones de dólares anuales.

El gobierno federal calcula obtener estos recursos, en el caso que el Congreso de la Unión apruebe la reforma energética en los términos de su propuesta, al permitir la participación de capital privado en estas áreas. Los requerimientos no son pocos, sólo para un pozo de gas shale se requieren de 7 a 11 millones de dólares.

Funcionarios de la administración han presentado ante empresarios nacionales y extranjeros las posibles áreas de oportunidad que se abrirían en la industria de los hidrocarburos con la reforma energética. También han mostrado ante industriales el gran potencial del sector petrolero para la inversión de pequeñas y medianas empresas.

Grandes empresas internacionales, como organismos cúpula del sector privado en México, han mostrado interés por invertir en la exploración y producción del gas y petróleo. La capacidad financiera de estas empresas para hacer frente al gran capital que se requiere deberá ser probada, pero, digamos que encuentran sus áreas de oportunidad en el negocio y se deciden a participar en esta industria.

Queda en el aire la pregunta ¿se arriesgarán los empresarios nacionales y extranjeros, las grandes, medianas y pequeñas empresas a entrar a esta industria, que de por si tiene grandes riesgos, en ese entorno de exigencias laborales y demandas sindicales?

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