Gasoducto Los Ramones II: borrón y cuenta nueva

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Además de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Petróleos Mexicanos (Pemex), muchas industrias del sector privado en México recurren al gas natural como su principal fuente energética, así que parecería lógico el interés de empresarios por participar en el proyecto transfronterizo de transporte de gas natural para la construcción del gasoducto Los Ramones II, pero no fue así, porque, salvo un grupo, no hubo inversionistas que se decidieran a entrar a esa aventura.

El único consorcio que se presentó a concurso fue el integrado por la empresa española Enagás y la francesa GDF Suez y, como establecían las reglas de la propia licitación en el caso de un único participante, la Comisión Reguladora de Energía (CRE) aprobó la propuesta, pero Pemex declaró desierto el proceso para desarrollar la segunda fase de Los Ramones, valuada en 1,800 millones de dólares (mdd), aproximadamente.

Los pocos ductos con los que cuenta el país en el norte impiden que los industriales aprovechen los bajos precios del gas natural en Estados Unidos, donde han caído de manera significativa en los últimos 3 años, de 12 a 4 dólares por millón de BTU (unidad de medida inglesa utilizada en la industria de energía)*. Y al contrario, frente al déficit del energético fue necesario en 2012 importar gas licuado a un costo de 20 dólares por millón de BTU.

La segunda fase de Los Ramones que atravesará los estados de Nuevo León, Tamaulipas, San Luis Potosí, Querétaro y Guanajuato, con 740 kilómetros de tubería, tendría una capacidad de transporte de 1,430 millones de pies cúbicos para satisfacer la demanda de gas natural por parte del sector industrial, que crece a un ritmo anual de 3.6%. Con este proyecto los industriales podrían tener acceso al combustible que se extrae desde la frontera norte, a un bajo costo.

Sin embargo, los beneficios del gasoducto como inversión no parecen atraer suficientemente a empresas del sector. A principios de año, cuando estaba por salir la convocatoria para la licitación, se mostraba interesada en el proyecto TransCanada, además del consorcio Enagás-GDF Suez, que al final fue el único que decidió participar.

Las condiciones de ejecución del proyecto que implica grandes retos técnicos y financieros, con la injerencia de Pemex tendrían un gran peso en la decisión final de los inversores para desistir de entrar al concurso, que incluye para el ganador aportar el 100% del capital, pero cediendo un 10% a la paraestatal (o su filial) que le darían derechos de veto y de mayoría. Con todos los riesgos que conlleva el propio proyecto, el inversionista al final vería sus márgenes de operación acotados y limitados por su súper socio.

El resultado está a la vista, los grupos interesados se desalentaron y se quedaron atrás de la raya. No es gratuito entonces que 18 años después que legalmente se permitiera la participación de empresas privadas en la construcción de gasoductos, la respuesta haya sido magra o nula. Las condiciones de inversión para el empresario tienen que ser atractivas sí, pero también si es quien aporta el capital de riesgo, difícilmente va a aceptar dejar parte de las decisiones al socio minoritario.

En resumen, la paraestatal informó que de todos modos construirá el gasoducto y aclaró poco después que invitará a los actores vinculados al sector a participar en el proyecto, luego que defina el marco jurídico y financiero en que se desarrollaría la obra, en lo que pareciera un procedimiento de ensayo y error, mientras las importaciones de gas natural licuado por barco crecen a tarifas exorbitantes.

(*) La BTU es la abreviatura de British Thermal Unit. Una BTU equivale aproximadamente a 252 calorías. Una BTU representa la cantidad de energía que se requiere para elevar en un grado Fahrenheit la temperatura de una libra de agua en condiciones atmosféricas normales. Un pie cúbico de gas natural despide en promedio 1,000 BTU.

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